Septiembre 17, 2007...3:33 pm

Y dale con la nostalgia

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Proyección

 Hace unos días, tuve un sueño extraño (que no es raro en mí, generalmente mis sueños suelen ser más complicados que una película de Kubrick) que involucraba, entre otras cosas, recuerdos de mis años en el teatro universitario, más específicamente en el siempre bien recordado Teatro Proyección, del intec (aunque cierta persona cuyo nombre no quiero revelar, atentó fuertemente contra ese nombre y la mística de más de 20 años del grupo).

En el sueño, yo me reintegraba al grupo porque había una fuerte crisis y era necesario reimprimirle elementos particulares de la “filosofía proyeccioniana” y yo, como el último participante de aquella “memorable generación del 98″, fui convocado junto con un grupo a contribuír con esa importante misión.

Si a esto le agregamos un viaje de chistes irónicos y sin sentido, como el que se iba a celebrar el trigésimo aniversario con Rhina Ramírez (de hecho, el 30 aniversario se cumple en mayo 2008), tendremos que yo me desperté con una sonrisa en los labios y la cabeza llena de recuerdos.

A mí vinieron las jornadas de mucho sudor en el memorable GC113, también conocido como “La Guácara” o “La baticueva” que hoy se llama “Auditorio García de la Concha”, los ensayos rápidos en “La neverita” del PB y las actividades del taller de iniciación en “el bosquecito” que le arruinaban la “diversión” a los enamoraditos de INTEC, las funciones al aire libre promocionando “Tartufo 2000″ o el hermoso proceso de creación de un montaje en aquellos días cuando mi carácter estaba formándose.

El sueño pareció ser una premonición de lo que vendría. Días después, mi siempre bien recordada Celice (a quien llamo “Sopa” por una de esas “historias proyeccionianas”) me mandó un email grupal con la idea de crear un blog de los miembros de Proyección, o un mecanismo de contacto de viejas y nuevas generaciones.

Y de ahí el asunto ha sido recordar los mejores años de mi vida. En este blog he hablado de algunas experiencias que tuve mientras pertenecí al mejor grupo de teatro universitario -libra por libra- que ha parido este cacho e país (¡Gracias Jayo, por haber tenido la visión!), y siento que me he quedado corto. Fueron apenas tres años, ¡pero qué (inserte la malapalabra de su conveniencia aquí) años!

Cuando me presentaba, dije que “Por Proyección yo crecí, lloré, salté, grité, me defendí como gato bocarriba y descubrí lo que significa luchar por tus sueños”. Más de ahí, conocí un grupo de personas que veían en el teatro un mecanismo de expresión y escape (por eso no puedo evitar sentirme conmovido cada vez que entro al GC hoy día).

Valoro esos años con la mirada de una lágrima sobre la comisura de una sonrisa (cursi, ¿verdad?) y volver a revivir esos talleres vivenciales, ensayos después de clases, juntaderas para preparar una escenografía (ay, los eternos cubos que nacieron cuando “Cimarrón” ¡y los seguimos utilizando hasta mis últimos días en el grupo!), las dinámicas de integración (que todavía utilizo algunas cuando estoy trabajando con grupo) y la eterna confianza que aprendimos a desarrollar en el otro cada vez que salíamos a escena y gritábamos “¡Somos uno en proyección!”

Ese tipo de cosas ha vuelto a mí, ahora que he vuelto a encontrarme con gente como Jeffery, Clayris, Celice, Michel, Yoyó… y he conocido a más gente maravillosa con quien compartimos el vínculo de ser proyeccionianos.

También al reconocer en una foto de hace nosecuantos años a algunos de mis compañeros de brega y trasladarme por algunos segundos a esos días en el GC… como una vez cuando me puse a practicar un ejercicio de “Los Demonios” (ojo, que ya la obra estaba fuera de cartel) caminando encima de los asientos, ida y vuelta. ¡Damn, quiero volver a las tablas de nuevo!

Catarsis Catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.

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