
El mar no es capaz de agotar la sed de mis entrañas
mucho menos de apagar el fuego que me encendiste
y me consume en el vacío.
Esta sala es una gigantesca arena
poblada por los fantasmas de siempre.
Que un día nos alzaron
para dejarnos caer
sobre el sol.
Si escuchas en silencio
se perciben sus risas
colgando desde la última grada de la ventana
a la izquierda del ocaso.
Saberse en su presencia
inclina la balanza hacia el miedo,
miedo equivalente a detener el calendario
en agonizante noviembre,
y prolongar, infinitamente, al desconsuelo.
Sostener esta carga que tortura las espaldas
y las suelas de nuestros pies.
Saberse en su presencia es una sed de náufragos
ante la inmensidad del océano.
Los fantasmas nos miran y nos sentimos cohibidos
presos de una culpa que aún no hemos purgado.
Nos rodeamos, mirando en círculos,
víctimas del indeleble marchitar
y el viento,
ajeno a nuestras preocupaciones
sopla en una canción
los mensajes expiatorios que no encuentro
“besa tus sueños”.
Afuera,
el mar es óxido que se respira,
se siente,
un bálsamo bajo los poros
que discurre entre los dedos
cuando el cansancio no deja ni respirar.
Nos salva,
nos recibe con sus manos sanadoras
y exorciza utopías.
También nos condena, es cierto…
pero es una condena dulce:
Su eterna perversión
transformada en ruido y palabra furiosa
que estampa su huella sobre la arena mojada
Mas no ahoga los gritos callados
del hambre,
pero no cualquier hambre
sino el hambre y sed de caricias
en esta arena menguante,
principio y fin de nuestros mundos
“besa tus sueños”.
El día ha entregado sus armas
tras un ocaso de sangre.
La orgía de fantasmas continúa ensayando
el primer acto de una sonrisa
y soplan tormentas y granizo contra el cielo
para aumentar el frío.
Por un segundo
me siento con el poder
de deformar un triángulo en esfera
y preguntarle a las nubes
si es posible expiar la pregunta
que rehúsa abandonar mis labios
antes de que germine
y emerja libre y sola sobre mi ecosistema
“besa tus sueños”.
Afuera y abajo
como un paria con ínfulas de grandeza
está el mar,
arando nuevos sueños
cual luz en medio de los árboles
sintiéndose seguro de sí mismo y llamándonos a rendirnos
ante una pasión que nace
en lo más profundo de nuestros cuellos
y busca redimirse y morir
en las otredades de las lenguas.
Afuera están los sueños
al otro lado, donde el mar es más azul,
donde la distancia no me permite besarlos
sino soñarlos.
Soñar que beso mis sueños,
mientras te vistes y desvistes ante mis deseos
y que la insípida agonía no es más que las voces
que suenan dentro de esta caja de resonancia,
mi propio cuerpo.
Soñar que el mar se vuelve arena movediza
y no me deja alcanzarte.
Y esta sala se hunde frente a nosotros
segundos antes de empezar a amarnos,
hechizo que seduce los pliegues de mis ojos cerrados
engañándome,
burlándose de mí cada vez
sabiendo que al instante de su reincidencia
caeré de nuevo en su trampa de tierra
barro y huesos
ahogándome sin tiempo
de besar mis sueños
convertidos en carne
gemidos
y piel.
Catarsis, es la mas genuina interpretacion de mis suenos, la respuesta a los instantes infinitos que estoy construyendo, estoy escribiendo un libro Instantes Infinitos. me gustaria contar con tu apoyo. desearia conocerte ser tu amigo, ser tu discipulo, en la difusion de estas reflexiones de vida, que son tus Catarsis.
Que hermoso.. me hace recordar tantas cosas y el mar .. mi espacio favorito en el universo…gracias por tan bellas lineas
muchísimas gracias!
Me gusta mucho el poema, es radiante y hermoso como el sol naciente.