Jarabacoa, diez y cinco.

No, no se me confundan. No es quince. Diez y cinco. Diez, que son los años y las versiones que se han hecho del Festival de Poesía en la Montaña, ese gran retiro poético en Pinar Quemado, Jarabacoa, y cinco las ediciones (consecutivas) que me han tocado participar desde aquel primer fin de semana de agosto 2008 cuando subí por primera vez invitado por Taty Hernández.

Cinco las oportunidades de poetizar, de compartir, de ser uno junto a poetas de todos los lares de nuestra media isla (la poesía dominicana se muda hacia la loma durante esos días). Cinco han sido (y que el número siga engrosándose) las experiencias, las historias, las anécdotas… y esta décima edición fue la epopeya de lanzarse al ruedo y hacer las cosas bien, con esa voluntad de hierro de Taty y todo el equipo (Tanyita, Tanya madre, Frank, Yolanda, Mon…)

La celebración, esta vez, fue grande. Primera en compartirla con mis arañadores (cuatro fuimos: Luis Reynaldo, Dei, Ricardo -estrenándose los últimos dos en la loma- y yo), aunque el año pasado estuvo Lauris, pero el colectivo aún no nacía), y primera en la que, voluntariamente, no realicé ninguna acción performática. Pero estuvimos los Poebeats (sin Miller, pero sí con su música) y mostramos un poquito del trabajo que estamos haciendo.

Eran aproximadamente las 11 y media de la noche el jueves 16 cuando, sentado junto al corillo de Higuey (el taller literario Juan Félix Pepén) caí en cuenta que me encontraba en mi quinto festival y caí en un estado de semi-nostalgia que no pude abandonar hasta el último día, alimentado también por muchos de los acontecimientos de esta jornada.

Fueron días de poesía, de camaradería, de re-encuentros, de intercambio. Marianela Medrano tuvo la buenísima idea de llevar varios escritores latinoamericanos (y un hindú) residentes en Estados Unidos, dándole un toque muy ameno e internacional al evento (la diáspora los hermanó y aquí estaban siendo parte de nosotros).

Resalto a Carlos Aguasaco de Colombia (sus poemas sobre Nueva York y el subway se me grabaron con fuego), a Susana Drago (ARG), Ena Columbié (Cuba) y Juana Ramos (El Salvador), con quienes tuve más cercanía y complicidad.

Y que no se me olvide el reencuentro con mi ya hermana Mairym Cruz Bernall (PR), invitada por Danny Rivera, quien se integró al auspicio del festival aportando el precioso monumento natural de Los Dajaos para realizar allí dos recitales y un taller de escritura creativa para niños y adolescentes de la zona (coordinado por la Fundación Literaria Anibal Montaño de San Cristóbal).

Con Mairym vinieron Dianiluz Cora, Antonio González y Eric Landrón, con quienes tuvimos un abrazo poético de agua dulce desde el Yaque que nos circundaba al lado del Centro Salesiano de Pinar Quemado hasta el Río Grande de Loiza, pasando por el Ozama, el Haina, el Yuna y todos los ríos a donde fueron a nacerle las ciudades de nuestro Caribe atómico. Los cinco nos reencontramos en Santo Domingo y continuamos proyectando y soñando en conjunto. Queda mucho por decir y hacer.

Y estos diez años de retiro poético tuvieron elementos interesantes, como el poemercado de libros y artesanías en el parque Juan Pablo Duarte (cuyo samán siempre me deja sin aliento), además de la apertura formal allí, sumado a ir a Los Dajaos. Y claro, nuestra casa de Pinar Quemado, que he llegado a amar como mi segunda (o tercera, o cuarta) casa.

Hizo falta gente (Themys, Romina, Pati, Rossalinna, Juanmanuel, Zuleika, León, Valentín, Isis…) que espero verlas en la próxima edición. Igual añoré que mi querida Madzia algún día pueda subir a estas lomas a poetizar.

Mucho que recordar. Poquitas cosas olvidables y que siempre se superarán el próximo año. Me encantó que el último recital del sábado fuese en la tarde, para tener más chance de bohemiar en la noche (los higueyanos presentaron una acción poética usando teatro de sombras que me gustó muchísimo… tán parao lo muchacho!) y una despedida que no lo fue. Este festival no se cerró. Taty invitó al año que viene para dejar en el aire la idea de que no era el fin, sino apenas un punto y aparte hasta el próximo agosto.

Y allá estaré, en mi sexta edición consecutiva.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”. 

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