Arte contemporáneo, desde mi óptica

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Museo de Arte Moderno, Santo Domingo.

Érase una vez…

Así, como en los cuentos de los hermanos Grimm.

Un niño de ocho años tuvo el antojo de que lo llevaran a la entonces Galería de Arte Moderno a la 17ma Bienal Nacional de Artes Visuales.

Febrero de 1990 era la fecha. A su madre le sorprendió mucho tal idea, pero el niño quería ir, por lo que había visto en los anuncios de televisión (sí, en aquel tiempo había presupuestos para anunciar la Bienal en TV).

Para aquel entonces, las artes consideradas “clásicas” eran la principal tendencia en los tres pisos y sótano del evento: pintura, escultura, grabado, cerámica, dibujo… junto a una llamada “categoría libre”, cada vez más creciente, que incluía algunas disciplinas contemporáneas como la instalación, que el niño en cuestión no conocía.

(Años después, esa “categoría libre” desapareció para llamar a los lenguajes visuales por su nombre: ahí también entró el performance).

Les estoy contando mi primer encuentro con el evento de arte más importante de nuestro país.. o al menos el más antiguo. Fue apenas la segunda de las que se han convertido en incontables veces asistiendo al hoy Museo (MAM), y por esa misma línea mis contactos con “esa vaina” que ha devenido en llamarse “arte contemporáneo” y de la cual me declaro seguidor y ejecutante (mis trabajos en arte acción y performance desde 2008 pueden darles una idea de ello).

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