(Sobre)Vivir, o la performance como búsqueda de sanidad

sobrevivirweb

(Escrito originalmente para la primera presentación de esta pieza performática en marzo 2013 dentro del maratón 24 horas de teatro en Teatro Guloya. Este lunes 9 de septiembre la misma se repetirá, como “work-in-progress” en la Plaza Antonia de la Universidad de Puerto Rico, recinto Río Piedras, mejor conocida como “la IUPI”).

La acción es efímera. El trayecto suele tomarse más tiempo. Por eso me incluyo dentro de la línea de quienes prefieren y disfrutan más el proceso que el resultado, entendiendo proceso el momento de conceptualización y reflexión sobre la pieza a realizar.

El oficio de la palabra brinda una oportunidad infinita de provocar el imaginario personal respecto al discurso principal detrás de cada performance. En este caso, la conceptualización siempre vendrá primero que las acciones para manifestar mi discurso artístico. Sigue leyendo

Contestando a Mairobi Herrera #PensandoEnPerformance

Alexéi Tellerías con la colaboración de Irene Loughlin. "Carta de Ruta". Festival Internacional de Performance Independence Dom 2013.

Alexéi Tellerías con la colaboración de Irene Loughlin. “Carta de Ruta”. Festival Internacional de Performance Independence Dom 2013.

Mairobi Herrera me pregunta: “¿para qué sirve una performance?” y se disculpa de antemano por si la pregunta puede sonar ofensiva para alguien que trabaja la disciplina como parte de su visión del arte. Luego me pregunta qué sucede con la pieza una vez realizada.

Las preguntas (hechas en privado) me parecieron lo suficientemente mortificadoras para una respuesta que, al hacer pública, me permita continuar mis propias reflexiones sobre la performance (algo así como cuando usé el hashtag #pensandoenperformance ) en Twitter para comentarios más o moenos similares.

Sin quererlo, la cuestionante se emparenta con una muy similar en el plano literario: ¿para qué sirve la poesía? La verdad es que si le buscamos una utilidad dentro del concepto mercantilista-materialista pues no la tiene, y en eso radica su mayor valor: en la ausencia de valor. Sigue leyendo

Arte contemporáneo, desde mi óptica

premiaci-xbiasd-640x250

Museo de Arte Moderno, Santo Domingo.

Érase una vez…

Así, como en los cuentos de los hermanos Grimm.

Un niño de ocho años tuvo el antojo de que lo llevaran a la entonces Galería de Arte Moderno a la 17ma Bienal Nacional de Artes Visuales.

Febrero de 1990 era la fecha. A su madre le sorprendió mucho tal idea, pero el niño quería ir, por lo que había visto en los anuncios de televisión (sí, en aquel tiempo había presupuestos para anunciar la Bienal en TV).

Para aquel entonces, las artes consideradas “clásicas” eran la principal tendencia en los tres pisos y sótano del evento: pintura, escultura, grabado, cerámica, dibujo… junto a una llamada “categoría libre”, cada vez más creciente, que incluía algunas disciplinas contemporáneas como la instalación, que el niño en cuestión no conocía.

(Años después, esa “categoría libre” desapareció para llamar a los lenguajes visuales por su nombre: ahí también entró el performance).

Les estoy contando mi primer encuentro con el evento de arte más importante de nuestro país.. o al menos el más antiguo. Fue apenas la segunda de las que se han convertido en incontables veces asistiendo al hoy Museo (MAM), y por esa misma línea mis contactos con “esa vaina” que ha devenido en llamarse “arte contemporáneo” y de la cual me declaro seguidor y ejecutante (mis trabajos en arte acción y performance desde 2008 pueden darles una idea de ello).

Sigue leyendo