Triste experiencia en Galería 360

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Mis primeras palabras del 2013 son para felicitarles a todos en esta nueva jornada de 365 días que se abre ante nosotros. Que Natura nos permita descubrir y aprovechar las oportunidades de este año.

Vayamos pues en materia. Les cuento que en estos días he estado ejerciendo de tío, puesto que mis dos sobrinos (de 12 y 10 años, respectivamente) por parte de mi hermano de madre estaban en Santo Domingo para la temporada de fin de año.

En esos afanes, mi cuñada quiso visitar los centros comerciales recién abiertos (a los cuales no había ido antes por una cuestión de criterios personales que no vienen al caso), así que eso hicimos. Primero fue Ágora, luego Sambil y finalmente Galería 360, el pasado martes primero de enero.

Un detalle a resaltar es que los últimos dos no estaban listos del todo para abrir. A ambos les faltan muchos negocios por terminar y básicamente visitarlos ahora se convierte en un “window shopping” o “ir a ver” algo que, en lo particular, no me divierte. Pero la apertura de Ágora los obligó a tener que estar abiertos para diciembre. En fin.

Me detengo entonces en 360 para explicarles nuestra experiencia. Al llegar, noté la ausencia de sillas en los pasillos, mucho menos en la gigantesca entrada. A diferencia de espacios como Sambil, Acrópolis y Megacentro, en 360 sólo vi sillas o espacios para sentarse en el “food court”, ubicado en el segundo nivel.

Al conversar de esto con mi madre, ella me comenta que todo parece ser una política del propio establecimiento para que el público vaya directamente a comprar y no se “distraiga” sentándose.

Esto puede tener lógica… pero en un centro comercial que se vende como “familiar” resulta chocante cuando pensamos que en una familia pueden existir niños y personas envejecientes que necesiten sentarse cada cuando en cuando, amén de que cuando uno camina mucho tiene que descansar.

Al final, cuando ya nos vamos a ir, empezó a llover, razón por la cual decidimos esperar en la entrada mientras mi hermano iba a buscar el vehículo. Vuelvo a darme cuenta de la falta de sillas. El espacio completamente vacío. Nos quedamos ahí y nos echamos hacia una esquina donde luego abrirá EGO Vanity Store, según el letrero. Ahí, mi madre y mi cuñada se sentaron (¿recuerdan lo de la falta de sillas?) en el piso.

Un vigilante se nos acerca y nos dice que no podemos estar sentados ahí. Mi madre le dice que estamos esperando a alguien que nos pase a buscar y el tipo responde que subamos al food court (en el segundo piso) a esperarlo. (?)

Decidimos salir a la galería donde (!) tampoco hay sillas ni establecimientos abiertos, aunque hay dos grandes letreros de “COMING SOON”. Nos volvemos a sentar en el piso, en una de las esquinas, a esperar. Unos cinco minutos más tarde, otro supervisor: “lo sentimos mucho pero no pueden estar ahí”, dice sin detenerse. “Ah, no se preocupe, iremos a sentarnos al medio de la calle” es la única respuesta de mi madre, sin levantarse (ya sabrán a quien fue que salí tan respondón a veces).

Para el momento en que ocurre esto, comprendí que ni el cine me iba a hacer regresar a este lugar. ¿A quien se le ocurre que una persona parada en una amplísima entrada pueda ser un riesgo de seguridad? Parada, sentada… el asunto era que NO PODIAMOS ESTAR AHI. Teníamos que, si estabamos esperando a alguien, subir al food court. Las clásicas “órdenes de arriba” para justificar lo mismo de siempre.

No es por nada, pero ese tipo de acciones es precisamente la que hace que Galería 360 haya pasado desapercibida en el “concierto” de plazas comerciales recientemente abiertas en el país. Y ese mismo tipo de “órdenes de arriba” serán las que definirán su suerte si no cambian.

Como dato irónico, al continuar nuestro “viaje por los malls” (al ser los únicos establecimientos abiertos este primero de enero) nos encontramos justo al entrar a Acrópolis un banquito con 4 divisiones para sentarse. Justo a la entrada.

Catarsis, catarsis.

“esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”. 

(ACTUALIZADO 10/FEB) En Onno´s Bar no se puede entrar con mochilas

(SEGUNDA ACTUALIZACION: 10 de Febrero 10:36AM. El pasado miércoles me reuní con los ejecutivos de Onno´s Bar y el citado señor de la camisa blanca, quien es el administrador o encargado del sitio. Luego de confrontar las versiones – y lamentando que Ismael no pudo asistir- las cosas quedaron más claras: ellos no dejan entrar personas con mochilas por un asunto de seguridad y de situaciones que se han dado varias veces en el bar. Ese es su enfoque preventivo y yo les reconozco que tienen todo el derecho a hacerlo. Surgió el tema  de la “convención social” que establece que las mujeres por lo general andan con grandes bolsos y carteras. En resumen, vamos a dejar esto aquí. Ellos tienen su derecho a establecer sus reglas de juego para la entrada al establecimiento y yo tengo mi derecho a tomar mis precauciones al momento de escoger a donde quiero ir. Gracias a ellos por haberse tomado el tiempo de escucharme. 

(ACTUALIZACION: 6 de febrero a las 3:16PM. Me acaban de contactar de Onno´s Bar para reunirse conmigo a escuchar mi versión del suceso. Aunque me he explicado aquí, iré)

Escribo “en caliente”, con toda la emoción aún bombeándome las arterias. ¿Y por qué lo hago? Porque entiendo que si me enfrío seré más condescendiente… lo que ellos no fueron conmigo y el grupo con que andabamos. Y es que no, yo no voy a apoyar lugares que se amparen en su principio de lugares privados para hacer que justos paguen por pecadores y que sus administradores sean tan tercos en negocios donde el cliente debe al menos ser escuchado.

Comenzaré por decirles que las 2 o 3 veces que he ido a Onno´s me había gustado, y que era una de mis primeras recomendaciones para quienes buscaban sitios para bailar dentro de la zona colonial. De hecho, en la noche del viernes era para allá que iba cuando estuve junto a mi hermano (que llegó el jueves desde Moscú, pero esa es otra historia) en la Zona Colonial y el estaba por bailar. Sigue leyendo

Desubicatus sapiens

Cualquier día en el “Decano“. Mientras llego a recepción e inicio mi ritual clásico de buscar dentro de la mochila el carnet para que Jesús me de el “legal y visible” y no me impida entrar, las muchachas me enseñan una solicitud de empleo que dejaron en la puerta. Específicamente, llaman mi atención hacia donde dice “Fecha”. La ocurrencia, un tanto desubicada, provocó la primera carcajada del día y motivó a despertar a “Niky” de su séptimo sueño para ponerla a trabajar temprano.

Aunque, pensándolo bien, tenía razón quien fuese que escribió esto, no?

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.

Qué joder!

Fuente: CristalyColores.com

Fuente: CristalyColores.com

Así mismo, con esa palabrita incluso. Tales fueron mis pensamientos al leer la nota de Cristal y Colores sobre los supuestos propósitos de Politur de expulsar de El Conde Peatonal a un maniquí humano, sabrá Quien sabe por qué propósito. Y digo “supuestos” porque tengo que darle la cabida a la duda, aunque motivos no me faltan para creer que esto es así como lo plantea el colega Arias. Me hago la sospecha de que el argumento esgrimido es el de “limpiar” la calle de elementos que podrían “afear” el entorno y “espantar” a los turistas.

No sé por qué, pero todo esto me recuerda a cuando quitaron la réplica de la escultura “La Ciguapa” que estaba por los predios del Palacio Consistorial, porque la entonces gobernadora de Puerto Rico, Sila María Calderón, iba a pasar por allí. Poco sabían los “genios” tras esa decisión respecto al gusto que tenía Sila por las artes visuales, y le quitaron la oportunidad de conocer una de las mejores piezas de arte urbano que han engalanado esta ciudad.

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¿Y ahora, quién me responde?

 

Me imagino que ahora dirán que es otra escalada en la “campaña de descrédito” contra las autoridades de mi universidad, pero la noticia publicada por la compañera Marthaloidys Guerrero en la sección La República no deja mucho espacio para la duda. Sobre todo cuando nos detenemos en un párrafo muy interesante con la explicación del asistente administrativo del departamento de seguridad, Isidro Ramírez, en el sentido de que “el sistema no está completo y que aún faltan cámaras por instalar”.

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