Una historia para ser contada

Sin duda, como me dijo Anabelle una vez, a mí me pasan las cosas para que yo las escriba en Catarsis. La escena de ayer vale la pena el paréntesis entre lo que cuento mis experiencias en el Carnaval.

Ayer, luego de una clase en la que casi me caigo al piso del sueñazo tan grande que tenía, me junté con Li y Pachico a hablar pluma de burro en «El Metro», el colmado que está cerca de la universidad, acompañados de mi nueva obsesión cervecera, la Quilmes.



El asunto es que, de la nada, aparece este limpiabotas y -como en todas mis historias de «encuentros cercanos del tercer tipo- se dirige DIRECTO Y EN VIVO hacia donde mí. El pana me saluda y me pregunta cómo está, y va de una vez al grano:

– «Vamo a limpiártelo»

Está claro que se refería a mis zapatos, a los mismos tenis que me compré antes de mi viaje a Las Vegas, tan cómodos y (por esto los compré) tan imposibles de ser limpiados por un limpiabotas de esos que anda por la calle. Pero esto, obviamente, no fue razón suficiente para que el pana me abordara a mí, justamente a mí, a las 10 y media de la noche.

– «No, viejo… estos tenis no se limpian»
– «Sí ombe, na má e echarle un poquito de jabón»

Insisto en que no, que baraje eso, que no quiero limpiarlos porque voy a irme a pié y después se van a ensuciar mucho más. Esto motiva a que el tiguere -que ha venido a interrumpir el relato que estaba haciendo sobre mis experiencias carnavalescas del día anterior- cambie la estrategia:

– «Mira viejo, te vua´ se´ sincero. Yo lo que estoy ligando son los 20 pesos pa´ la guagua»

Cojo más cuerda y le digo que apenas tengo lo de la cerveza que me estoy terminando de tomar y lo del pasaje para mi casa. En esto Pachico me da una mano para ver si por fin lo convencemos y se va….

Pero, como se imaginarán, esto no podría ser «una historia para ser contada» si no hubiese pasado lo que vino a continuación:

– «Pue entonce na má me queda pedirte un vasito de la Brahma que tienes ahí»

Pachico le dice que no es Brahma y el pana pronuncia un nombre parecido a Kirchner, casualmente el presidente del país originario de la Quilmes. El hombre consigue un vaso y ni siquiera soy yo que lo llena de cerveza. Lí se ríe y es obligatorio contar la historia de «San Juan y la doña que lambió con exigencia».

En resúmen, el limpiabotas simplemente no quería irse del colmado con las manos vacías…

(pero, ¿por qué carajo siempre soy yo el que tiene que pagar? ¿será que, como decía Gea en Preurbano, yo tengo la pájara pintá en la frente? ¡Qué vaina! )

Luego sigo con detalles del Carnaval.

Catarsis Catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo».

2 comentarios en “Una historia para ser contada

  1. Bueno, eso parece. Pero son experiencias que hay que tomar en cuenta.

    Gi…. quisiera saber lo mismo que tu. No he tenido la experiencia de probar una todavía.

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