Crónica de un viaje no planificado

(Con este post inicio -luego de unas cuantas sugerencias en el día de ayer- una nueva categoría en Catarsis: «Memorias de viajes». Esto no piensa hacerle competencia a las de Carmenchu Brusiloff en el Listín, ni nada por el estilo, sino es más bien una reseña de las cosas que me han pasado durante los trayectos por aire, tierra y hasta mar de mis par de lustros de vida)

Las Terrenas

Mi último trabajo antes del actual era en una empresa que ofrecía servicios de análisis de medios. Allí, me desempeñaba como «analista asistente», que más bien significaba tomar todas las noticias (nacionales y económicas) de dos periódicos y hacer un pequeño resumen que se enviaba vía email a los analistas de verdad para elaborar la «señal política o económica del día y la semana». Por el tipo de trabajo que hacíamos, teníamos que trabajar media tanda los sábados.

Pues bien. Uno de esos sábados estaba yo dándole duro a los ojos y a las teclas de mi estación de trabajo cuando mi «cell from hell» (uno de esos Motorola guayahielos parecidos al Timeport pero que no ubico bien su modelo) me suena. Ese teléfono tenía un problemita serio, y era que quien me llamaba podía escucharme perfectamente, más no así de mi lado (de ahí lo de «cell from hell», una maldición que me ha seguido en los otros equipos).

Pues volvamos al teléfono que suena y yo no escucho nada. Veo el número en la pantalla y lo llamo. No sé por qué afanes del azar o del destino la llamada timbró y lo contesta mi madre del otro lado. Resulta que ella me había llamado de un teléfono público desde El Abanico, un municipio «comercial» que está a medio camino entre Castillo y Nagua (espero que ustedes se ubiquen)

«Ay qué bueno que llamaste, mira que a mí se me quedó la llave de la casa de Las Terrenas en el apartamento y ya yo estoy por El Abanico… ¿tú puedes venir a traérmela?»

Momentos de silencio para poder asumir completamente la gravedad del asunto. Esa mañana, ella había salido junto con unos amigos hacia la casa que ella tiene cerca de Playa Bonita (que es un sueño), para pasarse unos días por allá, más allá del «finde». Yo, como tenía que trabajar en esos dias, tuve que quedarme. Pero ahora mi presencia se requería de manera obligada, forzando incluso el presupuesto…

«Tú coges una Metro o una Caribe Tours… mejor una Caribe Tours, que ellos salen antes que la Metro, y te vamos a recoger al pueblo… yo te pago el pasaje cuando tu llegues».

Cuelgo el teléfono y todavía no me lo estoy creyendo. Después de dar las explicaciones puntuales, salgo de la oficina directo hacia mi casa, a buscar alguna que otra ropa para pasarme el día por allá. Luego, hacia donde mi mamá a encontrar las llaves que, en efecto estaban sobre la mesa de la sala… ¿cómo a una mujer tan planificadora se le pudo olvidar lo más básico? Pero ocurrió, y ahora hay que ponerse a solucionar el problema.

Caribe Tours era la opción más rápida o la que más horarios tenía… pero yo quise evitarla a toda costa por una serie de razones, siendo la más importante la de que tenía su estación muy lejana a la entrada a Las Terrenas desde Sánchez. Así que -inconscientemente- me empecé a demorar y llamé un taxi para dirigirme hacia la parada de guaguas de la Churchill atrás de Plaza Central, donde ya había hecho mi reservación. Compré mi autobus y me preparé para la experiencia de dar mucha rueda por cinco horas.

Desde la ciudad hasta San Francisco no es tan traumático. El lío es cuando llegas, te bajas para una «parada técnica» y sabes que el asunto no termina ahí, sino que falta todavía Castillo, Nagua y Sánchez, donde terminarás tus asuntos con Metro para coger una camionetica loma arriba y loma abajo… y en el relajito se te va toda la tarde y llega la noche.

Para colmo, mi celular no colaboró mucho cuando me llamaban para «keep track» y saber por donde iba. Esto impidió que nos encontráramos en Sánchez, donde fueron a buscarme, y no nos vieramos hasta que yo llegué -por mis propios medios motoconchiles- hasta el área de Playa Bonita, a unos 12 kilómetros del pueblo terrenero.

Y si esto les parece gracioso, imaginense el pensar que al día siguiente, en menos de 24 horas, me tocó repetir la jornada en posición anterior. ¡Hay viajes que desgastan!

(Próxima Memoria de Viajes: «Rueda y más rueda de Miami a NY»)

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