La lacrimógena y yo

Los los del otro da. Foto de Adriano Rosario

 
La fecha la ignoro. Era un día cualquiera en la Primada de América, y yo debía de tener alrededor de 19 años. El autor de mis días se desempeñaba como director de los cursos de educación continua de la facultad de Economía y yo, como no tenía nada que hacer, veía mis mañanas pasar haciendo asistencia “ad-honorem” (entiéndase, sin ver un chele) en la oficina.Eran los aciagos días de la rectoría de Miguel Rosado, aquel rector que pretendió desbaratar la universidad para luego hacer honor a su lema de “levantarla”. El sol brillaba en lo más alto del cielo, como si ignorara que el calendario había sido marcado para otra de las confrontaciones que creíamos abandonadas hace mucho.

11 de la mañana. Los grupos estudiantiles de siempre empiezan a movilizarse dentro del recinto, y hacen extensiva su manifestación hacia las puertas del Alma Máter, más específicamente a un espacio que yo bauticé como “el piedródromo”: la puerta norte de la José Contreras.

La Policía Nacional, siempre a la espera de poder hacer lo suyo como en los mejores tiempos de los 12 años, acude fiel a la cita. Intercambios de piedras y bombas lacrimógenas se suceden en menos tiempo del que me tomaría contarlo.

Y, en el medio, nosotros. La oficina de la unidad de educación continuada, sola e indefensa en el extremo norte del edificio de la Facultad de ciencias Económicas y Sociales. Nos recluimos ahí y esperamos a que la situación amainara para poder salir. A través del cristal de la puerta de entrada pudimos ver cómo uno de los muchachos devolvía una botella de gas picante hacia los grises.

Lo demás fue una secuencia que todavía mi memoria tiene borrosa. Una bomba cayó al lado de la ventana de donde nos encontrábamos, dejando entrar todo su preparado mortal dentro de la oficina con su olor característico, ese mismo que aprendí a oler una tarde que -sin importarme los pleitos- me tiré UASD pa´ dentro buscando a mi papá al salir del domínico. Los ojos empezaron a lagrimear y a cerrarse. Para colmo, la puerta no quería abrir.

Lo intentó uno, lo intentó otra, lo intenté yo… y nada. Gritos de desesperación. “¡Abran esa puerta, rompan el cristal, hagan algo!” Sólo recuerdo mirar al piso y sentir un sabor como a tierra en la garganta. Luego supe que esos gases son fatales para quienes sufren de úlcera, y entendí el revolteo en el estómago. Escupo y sigo pensando si es que ha llegado el momento final, si es que no vamos a salir…

Al final, no sé cómo se abrió la puerta, pero fue genial poder observar que el día seguía igual de soleado a pesar del pequeño infierno que nos tocó vivir en un cuarto de menos de 10 metros cuadrados de espacio. La tenía alojada en alguno de mis recónditos rincones hasta que me revivió en las imágenes de la protesta el pasado lunes.

Catarsis Catarsis.

8 comentarios en “La lacrimógena y yo

  1. Una situación bastante desesperante (olor característico y lágrimas incluidas). Creo que todo el que pasó por la UASD tiene por lo menos alguna historia con por lo menos alguna bomba. La mía fue sencilla: Iba saliendo camino a la puerta de la José Contreras y medio despistada me percato de que todo el mundo está mirando para un lado… Qué miran, me pregunté. Cuando de repente alzo la vista y veo que se aproxima hacia mí un objeto que luego identifiqué como un BOMBA. Media vuelta y pie pa’ qué te tengo!!! Nah, a salir por la Gómez a piesito pérez!

    =D

  2. Yo tambien he sido victima de los disturbios de la UASD, me he dado como tres o cuatro huelgas. La verdad es que no es facil esa molestia que uno siente en los ojos y la garganta del jodio gas lacrimogeno.

    Na, son experiencias de la vida que uno tiene que pasar pa contarsela a sus nietos, si es que el grandisimo asi lo desea.

    Te vi

  3. Hay olores y sabores que no se olvidan jamas, dependiendo de la situacion que hayas vivido cuando los experimentastes en tu vida. yo estuve cerca de las torres gemelas el tragico 9/11 y cada vez que recuerdo el caos, cierro los ojos y vuelvo a sentir el mismo olor del humo y la tregedia.

  4. Tu post me recuerda mi primer semestre y mi primer gran susto en la UASD. Fue aquella vez que incendiaron un camión de refrescos de Coca Cola. Cuando las botellas comenzaron a explotar hacía un minuto que yo había corrido por esa calle, iba desesperada para llegar a la Independencia. Imagínate el susto que pasé.

  5. hola siiiiiiiii yo pase una vez un susto venia entrando por la puerta k da al alma master y ese dia habia protesta sabe donde vine a parar del otro lado sin rumbo las piernas me tocaban la cabeza de la corria k di ese dia y las bombas lagrimogenas llovian nada se keda en el recuerdo…. byeeeeee

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