Palo Alto – Tercer día (Segunda parte)

(¿Se habían olvidado de esto, verdad? Bueno, pues la verdad es que… yo también. Así que aprovecho mis vacaciones para terminar de contar mis peripecias por la costa Este de los US of A.)

El regreso al hotel fue entonces para ponernos ready para irnos a ver el juego Argentina-México. A Heberto le habían dicho que había un restaurant mexicano que tenía televisión (porque, como dije en el primer día, ninguno de los canales del hotel era hispano ni tenía programación para dicho segmento poblacional). Así que, luego de reconfirmar con los empleados mexicanos  del Cabaña, nos dirigimos hacia una plaza llamada San Antonio, y encontramos el restaurante, llamado (así mismo) «Savor México».

Toda la delegación argentina (menos Martín, que tuvo que quedarse a trabajar unos asuntos), más Daniel, Heberto, Manuel (de México), Aldo y yo, nos tiramos hacia allá a ver el juego. Para empezar, ibamos a estar en un ambiente bastante «hostil», porque ibamos a verlo con la transmisión de Televisa y para colmo con un amplio grupo de mexicanos en el restaurant, pero al final nos la pasamos bien.

Pedimos unos taquitos que me supieron muy bien, pero que al final el picante hizo su efecto (por suerte Manuel me dió el truco para cuando algo está «muy picante», cosa que le agradezco… ¡aunque ya el estará acostumbrado a que eso no le pique nada!) Y, como estábamos en un restaurant «mero mero» mexicano, no quisimos dejar de aprovechar la oportunidad y continuar abriendo nuestros horizontes cerveceros. La primera que probé fue una «Pacífico».

…Para después «casarme» con una «Negra Modelo».

la negra modelo

 De esta apenas había tenido referencias en preurbano.com. Pero por alguna razón, pensé que era puertorriqueña… me equivoqué por lo visto.

Del juego no hay que hablar mucho… pasamos muchos sustos, pero me gocé ese primer gol de Argentina como si fuera el Mundial. Luego ví la hora (6 de la tarde) y me acordé que se me había pasado el tiempo para llamar a alguien en el otro lado de la costa, así que salí y uno de los mexicanos que estaba en el parqueo me prestó su móvil para yo utilizar mi calling card… ¡Y después nos quedamos hablando!

Como dato jocoso, al pana le daba mucha risa cada vez que me escuchaba a mí, entre mi acento dominicano tó mezclao (recordemos que yo suelo «adaptarme con rapidez» a los acentos extranjeros) mencionar algún dominicanismo como esa «palabrita» que empieza con c y lleva ñ intercalada.

Pero entre vaina y vaina… y Argentina ganándole 3-0 a México, llega el autobus que nos va a llevar a San José para cenar en Maggiano´s, uno especializado en pasta y comida italiana. Allá teniamos reservada una salita especial para todos nosotros y en esta oportunidad, todo el crew (incluyendo los canadienses y los brasileños que estaban comenzando a integrarse al coro «se habla español»). También se sentaron a comer con nosotros algunos ejecutivos de comunicación de HP.

A mí me tocó compartir con Orlando, Alberto Labadía (Español, residente en Costa Rica, pero que trabajó varios años aquí en el Listín), Cristina Molina (de Chile), Andrea Fauz (de Porter Novelli Costa Rica).
Aquí fue que Orlando dijo aquella frase sobre la lasaña que escribí aquella misma noche en esta Catarsis y que a muchos les dió risa.

mi mesa y sus integrantes... myself incluided

Y es que… ¡realmente nos dieron comida por un tubo y siete llaves! Hasta los postres fueron, por así decirlo, grandilocuentes. Recuerdo que cuando ví el menú especial, pensé que uno iba a tener la libertad de seleccionar entre las entradas, plato fuerte y postre… ¡pero no! ¡era que nos iban a dar todos los platos para que nos fueramos sirviendo de a poquito!

¡Qué jartura! parece decir Alberto, mientras Pamela apenas puede contener la risa

Otro detalle. En un momento, dentro de la cena, hubo un fallo técnico y alguien apagó la luz de nuestra sala. Segundos después, una amarga queja retumbó por las paredes: «¡Dios mío, pero es que hasta aquí me van a perseguir los apagones!». La luz se encendió y todavía se está averiguando quién fue que dijo la frase (coloque emoticon de rolleyes aquí)

Y cuando nos íbamos… ¿saben con lo que nos encontramos? Pues Heberto detectó a millas que ¡había un pana en la barra con un iPhone! Le pedimos que nos hiciera una demostración, nos tomamos fotos con el, lo besamos, lo sobamos… ¡creo que es lo más cerca que he estado hasta ahora de un aparato de esos!

el iphone y yo

Al salir, la llenura fue tal que hubo que calmarla dando una vuelta por las un-poco-ya frías calles de San José… ustedes saben, el clásico turismo que se hace. Aquí la batería de la cámara me las jugó sucias y ya se imaginan el resto. Pero hubo chance de tomar unas cuantas antes de, como esta donde Cris se puso a jugar con mis estudios de los ángulos fotográficos.

Cris y yo, en San Jose

No hubo muchas novedades en el viaje de regreso, salvo que uno de los colegas canadienses se despidió, porque partía de regreso al día siguiente. Al volver al hotel, el sueño me mató completamente y me regresé a mi habitación muriéndome de frío, no sin antes pedirle la laptop a Cristina y devolvérsela un par de horas después (muriéndome del sueño). Se aproximaba el último día de actividades en Palo Alto.

3 comentarios en “Palo Alto – Tercer día (Segunda parte)

  1. Pero mi’jo…! A ti hay que darte Memoritil..a ver si te acuerdas de las historias como estas.
    Pero como dicen por ahí: Más vale tarde que nunca…

    Como dice Joan, ahora SI podemos decir que fue un viaje cool e interesante, sobretodo!
    Se nota que la pasaste 9.9/10!

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