Desde Tocumen

(Comparto con ustedes lo que escribí en los pasillos del aeropuerto interncional Tocumen, en Panamá, mientras esperaba mi conexión para regresar a Santo Domingo el pasado jueves primero de noviembre. No habia tenido chance de colocarlo antes)

Noel me sorprendió el domingo mientras partía hacia Argentina. Al día siguiente, mientras trataba de adaptarme al ritmo rápido de mi estadía en Buenos Aires, la tormenta (que ni siquiera era un huracán de ninguna categoría) azotó el territorio dominicano con una furia incontenible, que fue mayor por el total y completo desconocimiento de la población.

 

Gracias a José María Reyes, jefe de redacción de Diario Libre que también participó de Nokia Nseries (r)evolution, me he enterado de algunos entretelones del suceso. Más allá de las cientas de víctimas extraoficiales, los innumerables daños a la propiedad y pérdidas de rubros agrícolas, lo que más me chocó fueron unas declaraciones del jefe del COE, General Luna Paulino.

 

El general, hombre que siempre mereció mi valoración positiva, ha saltado con que las pérdidas ocurrieron “debido a que la gente los fines de semana se desconecta y no lee periódicos ni ve noticias”. Yo escuché a Reyes y mi única reacción fue de reirme con una rabia quemándome por dentro. No sé por que de una vez pensé en aquella frase que el saber popular atribuye a un secretario de salud pública durante los “ocho años” del PRD: “El dengue se elimina si cada dominicano mata cinco mosquitos al día”.

 

Cuál es el eterno interés de las autoridades dominicanas por querer encontrar en las sábanas la causa de la fiebre? En una perenne búsqueda de las hojas del rábano, se ponen a hablar nimiedades y a buscar la tangente de los priniciples problemas nacionales. Ahora, para colmo, le vuelven a dar al “aftermath” de esta tragedia nacional el mismo matiz politiquero (nótese que no dije político, porque estos no merecen ser llamados así) que cuando el huracán Georges, circa 1998.

 

Me perdonan las eternas metáforas y figuras literarias, pero con lo que he leído no dejo de pensar en la discusión del conejo y el burro sobre quién tiene las orejas más grandes. Estar en Argentina y quedarme simplemente “observando” cosas de Buenos Aires, me ha permitido darme cuenta de muchos detallitos que nos faltan como nación.

 

Falta un gobierno que realmente nos haga sentir protegidos. Falta un jefe de estado que deje de estar elaborando argumentos para justificar una burla a la constitución de la República y decida empezar la dura tarea de construir un país más habitable, donde se respeten las leyes y los ciudadanos tengamos derecho.

 

Un Estado que sepa que, después de 3 días de lluvia, el suelo se sobre llena de tanta agua absorbida y empieza a repelerla, y elabore un plan de contingencia mínimo ante las inundaciones que pueden ocurrir. Lo que ha ocurrido es la muestra de que el COE no estuvo preparado con toda esta lluvia del viernes, sábado y el propio domingo.

 

Como le decía a Teresa, compañera de Justicia Global que está estudiando en Bs. As y con quien tuve la breve oportunidad de conversar horas antes de partir, lo único que espero es que las y los dominicanos aprendamos algo positivo de esta situación. Que este aprendizaje pueda materializarse a corto, mediano o largo plazo. Que nos demos cuenta de que sólo el pueblo salva al pueblo y que hay que ir buscando otros caminos, porque el de nuestros dirigentes se agotó.

 

Mientras tanto, el país, aquel otro porcentaje del cual sólo tenemos noticias por cifras frías que no reflejan realidades desgarradoras, nos espera y cuenta con nosotros para su reconstrucción. Un llamado a la solidaridad es inminente. Pero una solidaridad organizada, que no busque sacar provecho politiquero al drama humano de quienes lo han perdido todo, sino que sirva de cobijo a aquellos que necesiten una mano amiga y protectora.

 

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, me encuentro en Panamá, esperando mi hora de salida. Me hago la promesa, que saldrá en esta Catarsis cuando aparezca un hotspot de verdad, de colocarme a las órdenes de mi organización y de la comunidad blogger en todo lo humanamente posible e imposible. Este es el momento de la acción. Actuando demostramos que no somos iguales que aquellos que viven tirándose entre sí mientras el país sufre.

 

Catarsis Catarsis.

 

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”

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