Mi recia amiga

Grisbel y yo, en una de esas tantas actividades. Julio 2007

Mi amiga hace honor a su auto impuesto pseudónimo de «La recia» cuando pone las manos sobre el teclado y lo acaricia furiosamente y exprimiendo hasta la última gota de poesía en cada uno de sus trabajos. Mi amiga, la del sonajero, siempre tiene la palabra exacta y la forma de dibujar en el aire (y con tinta) las más disímiles ideas. Mi hermana, la compañera en el activismo de utopías, no pudo elegir para nacer otro día mejor que bajo el influjo de Géminis, hace un par de años (bueno, 32 digamos) en San Francisco de Macorís, esa tierra donde el CURNE florece y que bañan los arrozales del Cibao Central. Mi colega es sensible hasta la médula, conoce el poder de los abrazos y en su corazón -tan grande como su sonrisa- cabemos todos los que nos sentimos honrados de morar allí. Y aunque su epicentro está en la «Ciudad Corazón», la siento más cercana a mí con cada día que pasa. En este viernes 13 que, para muchos, es de mal aguero, yo me siento elevado y feliz de ponerme en fila con Grisbel para celebrar un cumpleaños más.