Qué conducta

Leo esta historia y no puedo dejar de pensar en un fragmento de «La Madre», en la versión de Bertolt Brecht, específicamente la canción del parcho y de la bolsa:

Cada vez que la bolsa está hecha jirones
Ustedes vienen corriendo y dicen: ¡esto no puede seguir así!
¡Esto hay que remediarlo de cualquier manera
Y apurados corren hacia los patrones
Mientras nosotros tiritando esperamos.
Y ustedes vuelven, y triunfantes
Nos muestran lo que conquistaron para nosotros,
Un pequeño parche.
Muy bien, ahí está el parche
Pero ¿donde está todo lo que contiene la bolsa?

Hace unos días, mi tres veces colega (por periodista, poeta y blogger) Argénida, me envió una historia -desgarradora por demás, y muy bien trabajada- sobre uno de los damnificados del derrumbe de Guachupita, quien ya venía con una serie de promesas incumplidas cargadas sobre sus espaldas.

Este hombre, José Antonio Valdéz, participó en la «Fuerza de Tarea Quisqueya», que estuvo en Irak, cuando Hipólito Mejía envió tropas del Ejército Nacional hacia allá.

Duele y da rabia escucharlo cuando dice que «Gracias a Dios» no tiene hijos porque si no hubiesen muerto en el derrumbe (el no se encontraba porque estaba de servicio y su esposa durmió en casa de su suegra). Incomoda cuando narra sobre las promesas incumplidas y -militar al fin- no manifiesta su queja directamente… imagínense, un hombre que perdió su techo!

Al salir esta nota, estaba claro que -como bien dice la canción que cité arriba- en los cuerpos castrenses se diesen cuenta de que «eso no podía seguir así»… y lo llamaron a capítulo.

Saben qué le hicieron?

Pues, el hombre necesitando un techo y su Santo Padre Ejército le regaló «enseres para la casa«. Y, para que se hagan una idea, les copio la lista: una (1) Nevera, un (1) Televisor, un (1) Juego de Comedor, Colchón, Abanico y Estufa con su respectivo tanque para el depósito de Gas, entre otros «enseres».

Pero esta es la mejor parte: a Valdéz lo recibió el Jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional, Joaquín V. Pérez Feliz en su despacho, «quien al percatarse de la situación por la que atravesaba el soldado, no escatimo esfuerzo (sic) para acudir en su ayuda» (negritas, atd).

El hombre está sin techo y le están regalando «enseres para la casa». Soy yo sólo o alguien más se está dando cuenta del ridículo? Sí, ya sé que van a decir que el Ayuntamiento le va a regalar una casa pero… puede este hombre confiar en promesas cuando le han faltado tantas veces?

Catarsis, catarsis…

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo».

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