Moral y paños menores

No sé ni que pensar. Mejor dicho, sé que pensar pero no sé cómo decirlo sin perder los estribos y rebajarme a echar malaspalabras por la boca como algunos comunicadores radiales criollos. Intentémoslo nueva vez. En uno de los mailing lists que reviso, me llega esta nota procedente del digital La Nueva España, que con aire de sorpresa comenta sobre la «gran cantidad» (así mismo dice, citando a un empleado) de zapatos que nuestra primera dama compró en una zapatería de Asturias.

No me detengo en el operativo de agentes de seguridad que -asumo- habrá sorprendido a los simples mortales, porque ese no es el tema ahora (aunque el lunes por la madrugada conté 8 yipetas y 2 motos franqueadoras acompañando la presidencial y tuve nostalgia de los early days de Leonel en el 96). En lugar de eso, prefiero pensar en la eterna falta de recursos para que las cosas funcionen mejor y las prioridades de este gobierno. Más fuerte todavía, Doña Margarita fue a España a un encuentro sobre menores de edad y acceso a las TIC. No puedo dejar de pensar en aquella frase de «predicar la moral en calzoncillos».

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo».

Estremecimiento

Estoy impactado, y absolutamente consternado. El enterarme del asesinato del productor televisivo Miky Bretón ha sido un trago amargo para empezar esta semana. Pero mayor ha sido el impacto de ver cómo algo tan horrendo como una muerte brutal (a cuchillazos) ha sido reducido a algo banal, e incluso cómo se ha pretendido minimizar hasta cierto punto con «ah, eso es un crimen pasional». Como si por ser «pasional» dejase de ser crimen. Como si la vida de un ser humano (por demás talentoso) valiese tan poco. Por eso temo al informe policial. Por eso temo a que ya hayamos querido juzgar banalmente sin tener todos los detalles y los elementos. No me gusta adelantarme a acontecimientos. Ojalá que la investigación logre los resultados y que haya justicia para Miky, a quien no tuve el privilegio de conocer, pero cuyo trabajo siempre admiré (principalmente el realizado en aquellos días cuando estaba en «Al filo de la vida» con Nuria Piera).