Oriundo del asfalto

«Y una vez más, las palabras escapando de mi boca se hicieron carretera (…)».
D.C.


Algunos días, las fotos que habitan el subconsciente se antojan avaras de presencia, y hay que salir a buscarlas en los destinos más distintos y particulares. Mi trido vacacional, aparte de servirme para dormir la milla extra, probó ser la temporada perfecta para que brotaran alas de mis sueños y echaran a volar por la media isla.

Y hacia allá vamos, devorando el asfalto que recubre los distintos puntos cardinales. Sin brújula ni cronómetro, simplemente las ansias de conocer y volver a pasar por el corazón esas instantáneas que suelen empañarse o diluirse al caerles encima el ácido del olvido.
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Qué ocurrentes

Este fue mi pensamiento al pasar por la calle El Conde y observar este letrero en donde una vez estuvo la tienda «La Margarita». Para aquellos nacidos y criados en la capital de la República hasta hace unos cuantos años, esta tienda era tradición navideña, por el Santa Claus con cosquillas que colocaban año tras año. Ahora, en lugar de esa vitrina, encontramos esta cartulina que fue modificada por alguien que quiso «desmentir» la versión oficial. Pero de qué forma.

Nótese la única «r» de «cerado».

Catarsis, catarsis.