Contando madrugadas


Si vivir es recordar, prefiero morir creando recuerdos.
En las fronteras del inicio de semana, con la medianoche afilando su cuchillo, se me antojó perfecto el instante para cortar estrellas de raíz por el simple hecho de verlas caer. Con la mirada hecha cristales, mis dedos hicieron las veces de margaritas, deshojándose hasta exponerse en madrugadas. La enumeración, pese a la pretensión inicial de vencer la nostalgia, se hizo mandatoria dado el caso de que algunas remembranzas reclamaron su puesto dentro del conjuro de llamarlas por su nombre. Así fui contabilizando hasta llegar a la primera alborada no-tan-efímera, hora cero de una senda aliada de las penumbras y propuestas indecentes, silencios que delatan una respiración entrecortada y abrazos en fuga, al lado de la cual duermo, “muriendo en la quietud”.

Para trocar en factoría de evocaciones mecánicas, se me hace mejor morir en cámara lenta sabiéndome creador… sin abandonar el conteo de madrugadas.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”

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