Todo cambia

Aquellos polvos trajeron estos lodos. Faltando menos de 48 horas para finalizar esta novena jornada de la primera década del siglo 21, empiezan a asomarse fantasmas, pretendiendo nublar mi atmósfera con fantasías extintas. Aran la tierra desenterrando recuerdos que hoy no son más que el testimonio marchito de un pasado ahogado, y argumentos que se desangran al chocar con la primera pared del más elemental análisis. Así como todo cambia, que yo cambie no es extraño, cantaba la Negra Sosa en aquellos días y yo, que no me pretendo mejor ni peor que nadie, reivindico en este 30 de diciembre mi derecho a cambiarlo todo, incluyendo mi percepción sobre el planeta y quienes habitan en él. Cambiar porque sí, sin influencias del exterior y sus fantasmas, simplemente los sentimientos de un ente que mira al horizonte y siente sobre sus espaldas el peso de los silencios.

Catarsis, catarsis.