Devorando carreteras

Mis amigos Darío y Arturo confesaron vía Twitter que envidiaban mi trabajo por mis contactos permanentes con la tierra más fértil de nuestro país. No sin morirme de risa tuve a bien contestarles que, más allá del trabajo, los más recientes se debían a diversión.

En efecto, los sueños se me han ido transformando en rutas asfálticas hacia cualquier rumbo medioisleño, principalmente en las provincias cibaeñas. Ningún lugar está lejos, parafraseando a la Yalo, si se tienen los ímpetus suficientes para vencer distancias y descubrir destinos no conocidos por el ojo… el de uno, quiero decir. Y entonces viene la fantasía de que ya los interiores de los autobuses te conocen, y te hacen más placentero el recorrido.

Durante el inicio de este 2010, los caminos del Cibao quedaron sin trochas una vez más. Y en esta oportunidad, las obras de ingeniería del kilómetro nueve no fueron óbice para la experiencia de twittear el recorrido por la Autopista Duarte. Los kilómetros se abrevan cuando los devoras en compañía, sin reparar en virtualidades.

La Culta y Olímpica volvió a recibir mis rondas de año nuevo, luego de décadas sin habernos visto en estos días. El sendero continuó abriéndose hacia donde “se sube” (créditos a León Félix Batista) entre visos de alcohol, poesía y pasta.

Jarabacoa vistió sus galas lluviosas de cabañuela para un encuentro internacional e inter-generacional. El tinte gris-azulado del cielo contrastó hermosamente con el verdor silvestre, como para cerrar los ojos y dejarse llevar por los recuerdos justo en el momento de descender cruda y forzosamente a nuestras realidades del día a día.

Abriendo los ojos, la Revolución Cotidiana (en mayúsculas) indicó la siguiente parada: la cuna de la Constitución de 1857, tumba de tiranos y tierra de escritores recibió al puñado de creyentes en la transformación total del status quo, en un abrazo de poesía, ideologías y poesía de lucha.

Por las sendas del spray y el grafiti, Moca fue la oportunidad para desbaratar aquel clitché que vincula juventud y futuro, justo en la jornada donboscosiana. Qué mejor lugar que el suelo donde los salesianos sembraron semilla en nuestro país?

Las palabras fueron poco al hallarme frente al mural de Silvano que recuerda las jornadas históricas de este pueblo “seco, sacudío y medío poi buen cajón”. Un sancocho dominguero nos renovó los ánimos y la fuerza. Los caminos de la revolución deben seguir, pero nos consta que Moca sigue latiendo.

El segundo mes del año ya no tan nuevo (ay, Haití!) se coló un lunes. La cita con el carnaval era inminente. Este año, lo inauguramos en Santiago (sí, muchachos, esta vez sí fue por trabajo). El corillo de Mr. Tours invitaba, y ya se me ha vuelto tradición inaugurar las fiestas con Activil y compartes. Sólo que esta vez nos fuimos un poquito más allá de la cuna de mi madre para descifrar los códigos del lechón santiaguero.

Verguenzas públicas al intentar fuetear (Napoleón Beras salvó el honor periodístico frente al Ayuntamiento) y encuentros que se hicieron físicos después de tanto contacto virtual fueron la orden del día… eso y una sobredosis de Presidente que se inició en Las Brasas (con el Monumento de fondo para hacerlo más típico) y… no me acuerdo bien cuando terminó.

Los días pasan, y sin reloj, para no ver pasar el tiempo, llegué a la tierra bañada por el Jaya. Entre sueños de chocolateras y conversaciones etílicas, San Francisco de Macorís (tierra del CURNE y de Grisbel) fue la excusa para amarrar utopías y plasmar pensamientos.

Carros de último modelo, junto a estampas tan autóctonas como el mendigo que no reparó en el pleno día para dormir a boca abierta se convirtieron en retratos en sepia colgados en el cerebro, por aquello de no jugar a “ser turista”.

Kilómetros más, kilómetros menos, el Cibao se me muestra cada vez menos enigmático. No es para menos, cuando la región fértil también corre entre mis venas. A fin de cuentas, uno se siente en la deuda de transformar aquel orgullo urbano que habla de montes y culebras.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.

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3 comentarios en “Devorando carreteras

  1. “Los kilómetros se abrevan cuando los devoras en compañía, sin reparar en virtualidades”. A esto le agrego que la espera se hace mas corta cuando sientes que recorres cada kilómetro en la distancia. Viajando por La Vega, Jarabacoa, Moca, Santiago y San Francisco (que también es mi tierra), todo un interesante recorrido por los campos mas fértiles del país adornados de verde orgánico y de sol resplandeciente.

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