Drama en un hashtag

Me encantan las redes sociales. Es mucho lo que puede aprenderse y analizarse sobre los seres humanos con la mera contemplación virtual. Siempre he defendido la teoría de que la humanidad es única en todas sus plataformas, y que la Internet simplemente ha brindado más luz sobre la ya bastante limpia y transparente naturaleza de los únicos seres vivientes que tenemos capacidad para hablar (hasta que se demuestre lo contrario).

Pues bien, no hay que ser John Gray para confirmar aquello de que “los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, cuando ya la propia realidad de nuestros días tras días lo demuestra mucho mejor que un librito de autoayuda. Pero a veces nos cegamos y no nos damos cuenta de eso que está al frente.

En fin, que la forma de reaccionar ante las eventualidades siempre será distinta basado en aspectos como educación, posición social y ubicación geográfica, pero el género (y no quiero que me llamen misógino) también influye mucho… lo que para algunos hombres no merece mucha discusión, reflexión sesuda (porque se-suda mucho) o análisis coyuntural, es materia de un estudio interdisciplinario por algunas hijas de Eva.

Y nótese que digo “algunas”, porque entiendo que las generalizaciones no siempre son verdad absoluta. Pero yo estoy refiriéndome a las que sí han hecho el drama como su modus vivendi.

Pongamos un caso. Conozco de alguien que, en conversaciones con el sus que habla se refería -en público y privado- a esa capacidad de dramatismo que tenían las de su género, con ejemplos muy puntuales, incluso. Conforme iban avanzando los días, esta persona, a quien llamaremos X, se convirtió en un testimonio respirante del propio axioma, reducido a un hashtag (los twitteros sabrán muy bien qué quiero decir con eso).

Me vuelo los detalles, por innecesarios, aunque sí podría resumirlo en que una mañana me hallé, sin explicación y justificación alguna, metido en medio del drama, con matices de telenovela venezolana, en el que X estaba involucrada (sin detalles, nueva vez, porque no pretendo armar un chisme, al final de cuentas esto es simplemente una catarsis), y completamente aislado de todo el universo de redes sociales que me unía con ella.

Lo chistoso de este caso, que me motivó este post, fue que a esta persona yo le dí varios chances de explicarse, sólo que en la primera me hizo una historia cuyo argumento sería la envidia de cualquier aprendiz de guionista para the X-Files: conspiración hasta la médula. Aún así, en su momento le creí, hasta que la propia teoría de conspiración no soportó el análisis. En la segunda, me volvió a evitar, por lo que yo entendí que ya había agotado los chances de “darle la oportunidad para la justificación” y lo dejé así…

Nunca he entendido el propósito de algunas personas de ganarse enemigos gratuitos, y yo tampoco pretendo convertirme en tal en esta historia, pero ya que lo estoy ventilando, sirva esta catarsis semi-pública (ya que guardo la esperanza de que algún día X leerá estas líneas) para decir que ya no creo en lágrimas ficticias por teléfono y mucho menos en dramas prefabricados.

Catarsis, catarsis. Fin de este drama, al menos desde mi cristal.

“Esta es mi verdad y con mi vida la defiendo”

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