Periodismo sin prejuicios

Amo mi profesión. De eso están claros quienes me conocen y quienes al menos me leen a través de estas líneas catárticas o en el medio en el cual laboro (y al cual le agradezco mucho, al cumplirse mi primer lustro en él). Hoy, que estamos a 5 de abril, fecha en la que se conmemora el Día Nacional del Periodista, me detengo a pensar en la importancia de nuestra profesión respecto a una sociedad que cada vez más nos necesita y depende de nosotros.

Y pienso en que, más allá de frases cursis y clitché que hablen de objetividad, veracidad y demás apostolados mediáticos, nuestra labor debe estar orientada hacia la justicia. Lo que entendemos que sea justo para el conglomerado y que defienda sus intereses. Nuestra labor va hacia el pueblo, hacia esa masa amorfa que depende de nosotros para fabricar a diario su historia.

Por esto mi frase para el día de hoy, y mis votos en esta jornada dedicada hacia los que hacemos noticias, van en el sentido de que nuestros propios prejuicios no afecten el producto de nuestro trabajo. Que entendamos la importancia de una palabra no dicha a tiempo o, aún peor, de una mal dicha. Que sepamos, de una buena vez por todas, que el mundo no se termina en la esquina que nuestra mirada se pierde, y abramos los ojos al universo para evitar que nuestra opinión trascienda sobre las realidades.

Y que conste, que esto lo digo plenamente consciente y convencido de que la objetividad no existe. Ni siquiera en el periodismo.

Felicidades a mis colegas.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”

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3 comentarios en “Periodismo sin prejuicios

  1. “La objetividad no existe. Ni siquiera en el periodismo” estoy muy de acuerdo contigo en esa parte. Felicidades en este dia colega.

  2. poco a poco, granito a granito el ejercicio de la comunicacion se va convirtiendo en el pais en un verdadero cuarto poder. Si se ejerce en funcion de eso, la justicia probablemente se pondra por encima de otros poderes trasnochados, traficantes de todo, verguenza de nuestra sociedad y quienes carecen absolutamente de credibilidad

  3. Lo malo es que de tanto mirar al universo no se quier ver lo que pasa en la esquina. Lo malo es cuando un medio como el tuyo vuelve los ojos hacia el cielo para no ver ni investigar la verdad, y lo deja todo a la divina providencia; que más parece la hoja parroquial.

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