Una generación más allá de los “atisbos”

(Publicado en Ventana, del Listín Diario, el pasado sábado 21. Ilustración de Rafael Hutchinson)

Recientemente, la amiga y colega apalabrada Elsa Báez me hizo llegar un artículo en el medio digital “El Libre Pensador” en que, a modo de prólogo de “Iniciación Final”, poemario de José Alejandro Peña, el escritor Aquiles Julián pasea por las distintas etapas generacionales de la poesía criolla.

Haciendo alusión a una “tradición de excelencia”, Julián hace un recuento desde el Vedrinismo hasta nuestros días. Y es a “nuestros días” lo que quiero aludir.

El análisis dedica varios párrafos a citar nombres de creadores reconocidos junto a un breve análisis de qué hizo particular a cada momento.

Sin embargo, al llegar a la “generación 2000”, las únicas referencias existentes son, por decirlo, aéreas. Simples menciones y juicios que no corresponden a la realidad de nuestro conglomerado.

Empieza el citado párrafo señalando que “ya podemos ver los atisbos” de una generación del 2000. ¿Atisbos? Detengámonos en el término. En el diccionario, encontramos que es “indicio o señal débil, que casi no se ve”. Un esbozo, vamos.

Aquiles Julián habla de “atisbos” cuando dentro de esta generación ya existe una bibliografía básica, con libros publicados que no menciona, quedándose sólo en una alusión a “libros digitales” y blogs.

Dice “atisbos”, y ya tenemos una década, contando con escritores que llevan una vida cultural activa, incluidos en antologías nacionales e internacionales, y ganadores de certámenes literarios, como Frank Báez, Premio Nacional de Poesía 2009 (el cual no es citado en el artículo).

Otro desliz en el que se incurre es el de combinar escritores de edades distintas y, por ende, diferentes estilos creativos. Valentín Amaro y Taty Hernández, por citar dos casos, no coinciden ni en edad ni en estética con Isis Aquino y Rey Pérez, pero los cuatro están señalados por Julián como “generación del 2000”.

También se queda corto al citar como “ventajas derivadas” la participación en eventos culturales oficiales. Y ojo, si bien la Feria Internacional del Libro ha mantenido una constante promoción y difusión de los nuevos creadores a través de sus espacios, no fue hasta el año pasado cuando el Ministerio de Cultura empezó a tomar en cuenta las nuevas generaciones de modo institucional.

¿En qué me baso? A grandes rasgos en el reconocimiento a Rita Indiana Hernández en la Feria Internacional del Libro 2009, el Premio Nacional de Poesía de Frank Báez ese mismo año por “Postales” y finalmente la invitación a Lisette Ramírez, Neronessa, Alejandro González y Homero Pumarol (a quien Julián ubica en la generación 80 y que, desde mi criterio pertenece más a la “generación intermedia” del 90, junto con la propia Rita, Rosa Silverio, Nan Chevalier y otros) como parte de la representación local al Segundo Festival Internacional de Poesía. Sin embargo, cabe la salvedad de que estos reconocimientos han llegado como consecuencia de la perseverancia en un trabajo literario serio y continuado, no al revés.

Pero volvamos al párrafo que motiva mi reflexión.

Tampoco existe en este un análisis profundo de nuestras principales temáticas, nuestros estilos, nuestras concepciones estéticas ni herencias. Ni siquiera una sola mención de la palabra “neotestimonial”, término que muchos han pretendido usar para minimizar nuestras creaciones (pero que, en lo personal a mí me encanta porque me retrata de cuerpo entero), del posmodernismo que otros nos achacan o los elementos urbanos tan presentes en muchas de nuestras creaciones. Nada.

Quien no conozca la literatura dominicana contemporánea no podrá saber, leyendo dicho párrafo, sobre los intereses de la “joven poesía” dominicana, temas, formas ni de la transgresión que le es característica.

No pretendo con esto criticar directamente el ensayo de Aquiles Julián. Más bien hago una profunda reflexión respecto a la falta de una visión crítica y sesuda sobre la generación “post 90” a la que me considero pertenecer, y la necesidad de un análisis más profundo de nuestro quehacer y situación dentro de la historia de la poesía dominicana.

Prefiero pensar que el escritor tuvo buena fe, y al momento realizar su ensayo, no quiso obviar una trayectoria que continúa desarrollándose y, luego de una búsqueda y consulta, obtuvo los nombres que endosan tal párrafo, entre los cuales está el mío. Estamos claros en que los blogs y las redes sociales también ayudan en ese proceso de encontrarnos. Después de todo, sí hay que reconocerle razón a Julián en el hecho de que Internet nos ha ayudado a todas y todos a tener mayor exposición pública y el consiguiente respeto internacional.

Ojo, Aquiles Julián tampoco es el único que ha caído en este desliz de minimizar la relevancia que nuestra generación se ha ido ganando. Pero cayó en el error de “pasarle por arribita” a una década de trabajo al referirse a sus logros como “atisbos”.

El citarnos es apenas la mitad del proceso de identificar y asumir una poética contemporánea que ya ha ido encontrando su voz. Hace falta que empiecen a vernos desde una perspectiva analítica. Necesitamos teóricos y críticos que comiencen a ubicarnos históricamente y a comentar lo que ya se ha estado haciendo.

Tomarnos en serio la labor creativa y literaria y ubicarnos en el espacio/tiempo.

Parte de romper con el adultocentrismo implica también dejar de mirarnos a nosotros mismos como “muchachos que juegan a ser grandes” y darnos el carácter que nuestro trabajo merece.

Esta labor tiene que venir, lamentablemente de nosotros mismos, porque es a nosotros que nos interesa y conviene. Hay que motivar a los estudiantes de teoría y crítica del arte de la UASD, como también a los de literatura, que empiecen a estudiarnos y a evaluarnos.

Un esfuerzo interesante es el que está realizando Aurora Martínez respecto a la historia y trascendencia del movimiento erranticista y su rol dentro de la generación vigente de la poesía dominicana.

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4 comentarios en “Una generación más allá de los “atisbos”

  1. Hola, Alexéi.
    Interesante artículo. Sólo quería corregirte una cosita: no pertenezco a la “generación intermedia” del 90 como Rita debido a que empecé a introducirme en el mundo literario en 1998 pero en realidad comencé a hacer vida y a publicar a partir del 2000.

    Abrazos,

    Ro

  2. Por casualidades de la ciber-ciencia me tope con tu artículo. Muy acertado y directo, al punto que le pone el dedo en la yaga a los poetas de generaciones pasadas y a los críticos literarios dominicanos que excluyen a la generación de poetas mas jóvenes de los terrenos de la poesía. Creo que somos una generación poética de ruptura y vanguardia que no nos amedrentamos tan fácil y que buscamos nuestra propia voz. Es una lástima que se nos excluya de manera tan siniestra y calculada. En los tiempos cuando co-dirigía el Taller de la Biblioteca Nacional “Franklin Mieses Burgos” con Nan Chevalier para el 1999 era tanto o peor que ahora. Muchos han batallado para ganarse un nombre y otros como yo, hemos optado por el ciberespacio para difundir nuestra poesía desde las sombras de la diáspora. Te felicito por tu valentía creo que nadie se ha atrevido a ser tan abierto en este tema.

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