Recuerdos del VIII Festival de Poesía en la Montaña

Un momento de mi performance "Nocturnidades", presentado en la primera noche del VIII FPM.

(Publicado el pasado sábado 3 de septiembre en Ventana, del Listín Diario)

Una vez más, la poesía tuvo su encuentro en la montaña. Ese lugar mágico al que, como dijo una vez León Féliz Batista, “se sube”, entre versos, canciones, debates y conversaciones.

Así es el Festival de Poesía en la Montaña, que en este año llegó a su octava edición, bajo los auspicios de la incansable Taty Hernández y un grupo de gente que cree en la gestión cultural, entre los cuales me permito resaltar a Yolanda, Manuel Llibre, Tanya y Tanyiya (madre e hija) y a Rannel Báez, cuya presentación va en un ascenso natural, sin necesidad de arnés, hacia el cénit de la poesía nacional e internacional que desfila por el Centro Salesiano de Pinar Quemado, un par de kilómetros fuera de la ciudad donde Dios duerme.

Cuando, durante el cierre el domingo 29, Taty mencionó que los antologadores de la poesía dominicana tendrán en el Festival una oportunidad de beber directamente de sus aguas, no estaba exagerando.Y es que, si bien el Festival se ha convertido en uno de los espacios más abiertos para generaciones de poetas y un marco de tolerancia y respetuo mutuo, en esta octava edición aumentó mucho más.

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