Recuerdos del VIII Festival de Poesía en la Montaña

Un momento de mi performance "Nocturnidades", presentado en la primera noche del VIII FPM.

(Publicado el pasado sábado 3 de septiembre en Ventana, del Listín Diario)

Una vez más, la poesía tuvo su encuentro en la montaña. Ese lugar mágico al que, como dijo una vez León Féliz Batista, “se sube”, entre versos, canciones, debates y conversaciones.

Así es el Festival de Poesía en la Montaña, que en este año llegó a su octava edición, bajo los auspicios de la incansable Taty Hernández y un grupo de gente que cree en la gestión cultural, entre los cuales me permito resaltar a Yolanda, Manuel Llibre, Tanya y Tanyiya (madre e hija) y a Rannel Báez, cuya presentación va en un ascenso natural, sin necesidad de arnés, hacia el cénit de la poesía nacional e internacional que desfila por el Centro Salesiano de Pinar Quemado, un par de kilómetros fuera de la ciudad donde Dios duerme.

Cuando, durante el cierre el domingo 29, Taty mencionó que los antologadores de la poesía dominicana tendrán en el Festival una oportunidad de beber directamente de sus aguas, no estaba exagerando.Y es que, si bien el Festival se ha convertido en uno de los espacios más abiertos para generaciones de poetas y un marco de tolerancia y respetuo mutuo, en esta octava edición aumentó mucho más.

No era para menos. Se le había dedicado al Interiorismo y a la Metapoesía, dos movimientos literarios criollos que han cruzado nuestros 48 mil kilómetros de isla y de cuya fundación se conmemoran 20 años en este 2010.

Formalidades aparte, Jarabacoa fue la excusa para el reencuentro. Mirar el gran árbol en el patio central del centro salesiano y pensar “¡caramba, un año pasó tan rápido!”.

Y aquí estamos nueva vez: desde los escritores de Sosúa hasta los “tirapiedras” de Azua (saludos Moisés y Noemí). Desde el taller “Ángela Hernández” (creado el pasado festival con niños y jóvenes jarabacoenses) hasta la Fundación Aníbal Montaño.

De los “montaños” hay que hablar, máxime cuando su presentación tradicional del viernes por la noche despertó una serie de opiniones, reacciones y comentarios.

Desde la acción teatral- performática de Luis “El cimarrón” Arias (me dicen por ahí que Randolfo Ariosto, del círculo de escritores de Mao, pegó un brinco de espanto al impacto de un machete contra el piso) hasta los versos -bastante profundos- de Darihana Mesa, quien apenas tiene ocho años (a Argénida Romero le impactó mucho “este cuerpo que finjo”). Y ni hablar del “Señor KR”, cuyas rimas no le eran desconocidas a este redactor.

Entre canción y canción, dejaba caer una que otra crítica al status quo… y algunos han mencionado que eso hizo tragar en seco a dos o tres.

En la noche de performance, el esfuerzo de ir más allá de la palabra hablada demostró sus frutos.

Repetimos Lisette Ramírez y quien suscribe, pero se integraron Rey Pérez, Harry Troncoso y Frank Ulloa, el primero con sus textos urbanos que rodaron en forma de pelotas de papel por el piso una vez leidos y los segundos con una pieza que dedicaron al militante argentino Roberto Martino, preso por protestar las acciones de Israel contra los palestinos. Primer golpe de “La Emboscada”.

Por otro lado, las “Nocturnidades” que me correspondieron presentar, fueron leídas y performadas sobre un gran lienzo de lonilla con un poema en espiral que fue bautizado con vino -como homenaje a Benedetti- esa misma noche. Al final, este lienzo se regaló al Festival, en la persona de Taty en nombre de la Noche Lunática.

Algunos ausentes se hicieron sentir. José Mármol hizo falta. Y Glaem Parls, quien estaba llamado a participar en el recital de poesía urbana que estaba dedicado a Homerito Pumarol, nunca acabó de llegar. Pero sí estuvo Mateo Morrison, premio nacional de literatura 2010, con toda la familia.

No se pueden olvidar las lágrimas y los aplausos que se conjugaron con el repique de los palos en el homenaje póstumo a Blas Jiménez.

Desde Puerto Rico, Zuleika Pagán y Michelle Rodríguez (estrenándose en estos menesteres montañosos) impactaron con sus versos en “Poesía sin fronteras”, pero también Themys Brito dejó a más de uno sin aire y Romina Bayo se ganó una ovación de pie.

Themys no fue la única representante de la diáspora que recitó en “poesía sin fronteras”. También lo hicieron Dinorah Coronado, María Palitachi y Eunice Marmolejos.

Pero volviendo al discurrir de esta octava versión, poca gente quiso quedarse fuera. Hasta la alcaldesa del pueblo, Piedad Quesada, se dejó caer por Pinar Quemado para declarar a Jorge Piña y Bruno Rosario, fundadores respectivamente de la Metapoesía y el interiorismo, como “visitantes distinguidos”.

Formalidades aparte, un grupo aprovechó esos momentos para poetizar la fría corriente Jimenoa que fluía rápido, muy rápido.

Claro, alguna que otra persona le tuvo más miedo que verguenza al torrente y prefirió inmortalizarlo en una imagen o mirarlo desde fuera. No es para menos que el caminito arbolado que conducía a ese pedazo de paraíso fue el más fotografiado, o así se pudo ver en las fotografías que se han ido publicando. Después de todo, lo que pasó en Pinar Quemado, se queda en Facebook.

Una sorpresa desagradable: durante el recorrido por la ciudad, guiado por Yilenia Cepeda, descubrimos que el mural “Alegoría a la virgen del Carmen” del maestro Roberto Flores, habia sido tapado por el párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen.

Teníamos conocimiento de que pretendía borrarlo con el alegato que las imágenes de los ángeles eran “satánicas” y “desviadas”.

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