Jacquie Rivera sobre “Los peces del subsuelo”

Jacquie y yo en la Casa Alcaldía de Yauco, PR. Mayo 2010

Me permito prorrogar mis quince minutos de fama literaria (gracias a todas y todos por sus felicitaciones). En los días que me preparaba para el concurso literario de la Alianza Cibaeña, le envié el manuscrito (de ese momento) de Los Peces del Subsuelo a Jacqueline Rivera, (a.k.a. Sonia Marcus Gaia) una narradora y profesora de literatura puertorriqueña (del corillo de los “Sotaneros”) a quien había conocido en ese año y con quien me sentí en la confianza suficiente para presentarle mis esfuerzos en narrativa.

Varios meses después recibí este comentario que hoy quiero compartir con ustedes.  La autora de “La casa en el agua”, sin saberlo, había escrito el prólogo del libro! Gracias una vez más a ella por haberse tomado el tiempo de leerme y de escribir sobre mi obra.

Valga también la nota para resaltar que el número especial antológico de la revista puertorriqueña El Sótano 00931: “Antología Internacional República Dominicana-Puerto Rico”, en el cual tuve el honor de ser incluido (junto a Jacquie y otros escritores de Puerto Rico y esta media isla), ganó aye el Premio Nacional de antología creativa otorgado por el PEN Club de Puerto Rico.  Semana de Premios! Felicidades a Zuleika Pagán, editora de Sótano Editores, por todo el esfuerzo recompensado.

Tras el salto, el texto.

Catarsis, catarsis.

“El que habla en tono de rock habla en tono de rebeldía. Que no nos quede la menor duda de ello. Pese a la rampante comercialización del género; el rock se hizo para despotricar contra el mundo y sus sistemas. Y la voz de la inconformidad es la voz del inconforme con una mediana a alta inteligencia, que da cuenta que algo en el sistema anda cogiendo a la gente de pendeja; y toma las armas que tiene a su lado para hacérselo saber: estoy aquí, y  estoy consciente de lo que pasa; son sus palabras. Esa voz de la conciencia abre las posibilidades de este género hasta volverlo realmente la voz de la contracultura; lo verdaderamente revolucionario que aún nos queda en esta mierda de siglo que comienza sin molotovs, ni derechos, ni libertad. No nos llevemos a cuentos; la peor arma para los gobiernos no es la guerra; es la apatía. Allí radica la importancia del rock, aquel que sin ideologías ni abismos, zas de ras, hay que quejarse. Y la impronta es vital.

Si el género en la música funciona y articula sus tejemenejes de esas maneras, solo imagina cuando se nos junta con otras artes. El rock en la literatura. Sablazo al hígado. Sex, Drugs & Rock & Roll en sonata de bachata quisqueyana, paso doble caribeño y en el papel reciclado. Eso leí hoy. Alexei Tellerias me acordó a un nefasto escritor español que leía con rabia a principios de los noventa. Me dio alegría que haya escritores gustosos en convertirse en highlanders y devolvernos la decadencia tierna y nostálgica de aquellos años. ¿Cuánta satisfacción tiene una cagada de madre sin sentido, sencillamente por joder? ¿Cuán necesario es que volvamos a replantearnos el fin de siecle, que pasó con tanto bombillo y sorna?

Al leer ‘Los peces del subsuelo” eso fue lo que me vino a la mente; los interminables momentos de largas conversaciones sobre las letras de Cerati, la ardua discusión sobre la valía que podía tener el articulado (y bien hecho pop) de Calamaro y las artimañas de juglares de los Bersuit. De las computadoras locas (antes de las vacas). De Y2K, los nacionalismos, la hecatombe de 20 siglos de pura bazofia, en fin, la inexistencia y la estupidez existencial hecha mundo. ¡Qué tiempos aquellos; cuánta añoranza de esto!  Te acordabas de las veces que viste a la Andrea Echeverri y no escribía maternales sobre su vástago sino que tenía la cabeza rapada y estaba muy orgullosa de la inexistencia de sus tetas; te acordabas de Fito Páez zapateado por unskinhead boricua (tales sabandijas existen) por su androginidad tan masculina y argentina. ¿Qué le pasó a la Gloria, aquel personaje lanzada desde el segundo piso de su apartamento para caer en sus mahones; que le sucedió a Celeste, más cercana a estos seres mitológicos que vivimos esa época? No nos importa; esa es la respuesta noventera.

Acostumbrados a ver como se rompían las quijadas en un mosh pit existencial, en medio de las frituras y las vitrinas con bombilla y empanadillas que se jartaban los roqueros tras haberse mentado hasta la madre y haberse roto varias costillas, en amistad, no dudemos; sencillamente no nos importa. El mundo seguirá girando, importa un coño lo que hagamos.  Eso, la rabia. La más seca y nefasta rabia, la que cree sin creer. La que se lanza en las huelgas, y luego va en búsqueda de la cerveza más cercana que le alivia la sed y la rabia de no poder cambiar nada.

La rabia fluye en las letras de este libro; pero la más sabrosa de todas; aquella que no utiliza las palabras de cualquier pendejo (como todos somos) sino las miles de letras que nos engullimos como cocaína al sistema, la revolcada de recuerdos de losgroupies que fuimos (de lo que seguimos siendo), las palabras, gestos, recuerdos, vivencias, modos de vida, de todas estas raleas que fuimos ¡a orgullo! Por entre las viejas calles de estas calles, como se llamen: Santo Domingo, Ponce, Santiago de Chile o Cartagena de Indias. No importa. Eso es lo importante, nada importa; el rock nos enseñó eso.

En este fluir de la existencia, las consecuencias, como estos cuentos, los finales, no eran sustanciales; vivir y sufrir la vida es el tema. Qué bueno que haya gente que todavía crea que es digno tocarlos. Y para colmo lo escriba. Que bueno que pese al tiempo, el ideia zabaldu de los vascos como Negu Gorriak no se haya extinto; sólo andaba algo perdido. Algo de eso encontré aquí. Y soy fiel a mis demonios: los que saben recuperar el pasado, lo hayan vivido o no, son los que tendrán la sartén por el mango del futuro. Como estas historias, como este libro. Enhorabuena!

Sonia Marcus Gaia

27 de marzo de 2010

 

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2 comentarios en “Jacquie Rivera sobre “Los peces del subsuelo”

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