«¿Mercado editorial en RD? ¿Es en serio?»

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Pues este sábado 29, salieron unas declaraciones mías junto con otros «jovenes escritores dominicanos» (Rey Andújar, Luis Reynaldo Pérez, Argénida Romero y Michelle Ricardo) a propósito de una saga que la periodista Indhira Suero está haciendo sobre «reinventar las editoriales».

Supongo que habremos hablado cantidad los cinco, y le habremos dado batalla a la pobre Indhira para editar. Considerando esto, quiero aportar desde esta Catarsis todo el contenido de mis respuestas. ¿Por qué? Bueno… primero, porque quiero. Segundo porque pienso que ellas pueden aportar también al debate sobre las editoriales y su labor en erre dé. El título del artículo es, pues, mi primera reacción a la primera pregunta del cuestionario. Sigue leyendo

Quería escribir algo…

…y se me borró. El «rant» en lugar de Catarsis se queda en mi subconsciente, pero sólo diré estas palabras:

«Quien me engaña una vez, sinverguenza es,

quien me engaña dos, sinverguenza yo».

Increible que una entidad que está llamada a representarme haga esas sinverguenzadas tan grandes.

Catarsis Catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo».

 

(Esto debió publicarse en abril del 2007… y todavía sigo pensando lo mismo del Colegio Dominicano de Periodistas).

Hasta pronto Cuquito Peña. Los recuerdos nunca mueren

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Políptico autoría de Cuquito Peña en la Facultad de Artes de la UASD. Una de sus piezas preferidas por mí.

Debían ser las cinco de la tarde cuando la esposa de mi papá me llamó para preguntarme si tenía detalles sobre el fallecimiento de Cuquito Peña, el artista, el amigo, el papá de Orly y Emmanuel. Confieso que del shock hasta el carro se me apagó. Los primeros segundos fueron, como siempre, de incredulidad. Uno nunca está preparado para este tipo de noticias. Y duele.

Todo tipo de recuerdos me llegaron a la mente. Los iniciales, cuando le conocí en mi infancia mientras él impartía clases de pintura a Carmen Rita (la esposa de mi papá), algunas cenas en la azotea de la que hoy es mi residencia matrimonial… luego los encuentros con él y Emmanuel en el parque Duarte y en otros espacios (de manera muy particular aquel conversatorio en La Multitud sobre políticas culturales, donde su voz se hizo oir a pesar de algún importunante que no quería darle espacio).

Su desaparición física será la nota triste de esta semana en la que los arañadores iniciamos uno de nuestros proyectos más ambiciosos: «Lengua de Mar 2013». Esta noche, mientras inauguremos este encuentro de escritores, le recordaremos. Lo haremos conscientes de que nadie muere realmente si siempre se le recuerda y respeta su memoria.

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo». 

Cine hecho en erre dé: la cantidad va primero

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(Escrito como colaboración para el portal DagoSanchez.com)

¿Qué cómo yo veo el cine hecho en dominicana? Bueno… ¿Tienen tres semanas para hablar?

Okey, trataré de reducir mis pensamientos.

Lo primero es que yo veo con buenos ojos que ya empiece a pensarse en esto como una industria: que hayan técnicos cada vez más capacitados, que se haya pensado en una ley que promueva la actividad fílmica (aunque yo pienso más que eso es para buscar inversionistas de fuera, pero esa es otra cosa) en el país y sobre todo que la filmografía dominicana esté creciendo a ritmo de unas tres o cuatro producciones por año.

Cantidad. Siempre hablamos de cantidad primero. La calidad necesariamente tendrá que venir después. De hecho, yo creo que la cantidad es necesaria porque nuestros técnicos tienen que llevar comida a la mesa de sus casas. Por eso cualquier producción criolla (incluyendo –sobre todo- las de Roberto Angel) tiene su mérito y es aplaudible.

Dicho esto, procedo: En el Cine Dominicano las cosas siempre han sido cuestión de momentos y “booms”. Desde “La Silla” no se había hecho nada hasta que en 1985 un grupo de soñadores encabezados por Agliberto Meléndez decidió filmar “Pasaje de ida”, el que para mí sigue siendo el mejor film de factura local.

Sin embargo, una pieza como esa no se vuelve a filmar en este país.

¿Por qué? En ese momento nadie estaba pensando en ganar dinero, sino simplemente en hacer una película. No es que esté mal ganar dinero, pero ese tipo de idealismo ya no existe mucho. Los tiempos han cambiado.

En el intermedio es muy poco lo que se puede hallar. Yo tengo recuerdos vagos de un afiche (hecho a mano) de “Tráfico de Niños” (la primera película de Alfonso Rodríguez) en Cinema Centro del Malecón, en los mismos días que proyectaban “Ruskies”, una película que ya habían presentado hasta la saciedad en Disney Channel.

Por cierto, ¿alguien tendrá ese largometraje? A mí me interesa verlo.

Saltamos entonces al segundo soñador: Ángel Muñiz, quien aceita la maquinaria y le da inicio con “Nueba Yol: por fin llegó Balbuena” en 1997. Quienes éramos muy pequeños para ver “Un pasaje de ida” (yo no pude verla hasta hace dos años, con todo y que se reeditó para el cine en 2003) descubrimos el encanto de vernos reflejados en la pantalla grande. ¡Por fin poder ir a Palacio del Cine y ver el Kilómetro 9 de la Autopista Duarte proyectado, aunque fuera para mostrar ese gran letrero de Café Mamá Inés en la secuencia-para-salir-de-los-patrocinadores!

Entonces vino el primer boom serio: de esa época recuerdo producciones como “Cuatro hombres y un ataúd”, “Víctimas del poder” y la película que tuvo tres versiones y un viaje de pleitos (“Para vivir o morir” que después fue relanzada como “jugada final” y al final una tercera versión con “Basta ya”).

Vino entonces el blof. No todas fueron éxitos comerciales (ni siquiera “Nueba Yol 3: Bajo la nueva ley”, que –al tener la oportunidad de verla hace unos meses- comprendí que nunca debió de torcerse el guion para una secuela solo porque la película funcionó la primera vez).

Explotó la burbuja. Y solo el cine documental de René Fortunato (que desde “Abril: la trinchera del honor” demostró que a los dominicanos nos interesa el género tanto como para llenar las salas si el tema nos llama la atención) nos da de qué hablar.

Aquí entonces hay que hablar del segundo momento: “Perico Ripiao” en el 2003. Ángel Muñiz retorna y nos ofrece nuestro primer “road movie” y la oportunidad de creer de nuevo. Ese es el momento del segundo “boom” que tuvo años de vacas flacas pero marca el arranque definitivo hacia lo que muchos queremos soñar como “la industria”.

ACROARTE incluye la categoría de “Producción cinematográfica del año” un par de años después, luego vendrán las de actor, actriz y director cinematográfico. Empiezan a aparecer producciones independientes de jóvenes realizadores tanto en corto como medio y largometraje (la Cinemateca Nacional sirvió de casa para proyectar muchas de ellas, algunas olvidables como “Masacre en el río Yuna”).

De pronto pensar en cine se volvió moda…

y aparecieron dos o tres que quisieron pescar en río revuelto.

En ese momento es que nos encontramos ahora. Con realizadores haciendo una película por año. Con una ley de cine que parece haber dado resultados para muchos de ellos (¿al final la derogaron o no?) Con gente que está pensando en buscar ese híbrido entre lo bueno y lo comercial. Con una Universidad Autónoma de Santo Domingo que es responsable de la formación de gran parte del talento cinematográfico de este país pese a que Ellis Pérez se niegue a aceptarlo.

Hay mucho movimiento. Eso, precisamente, lo de la cantidad, es lo que –tarde o temprano- obligará a la calidad. Mientras tanto, que siga haciéndose cine. Bueno, malo o de Roberto Ángel. Cronos siempre se queda con lo bueno y conservable.

Fin de la conversación.

 Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad y con mi vida la defiendo». 

Adiós, don Franklin Franco…

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Lo conocí. Primero por referencias. Como historiador, sociólogo y hombre de la UASD. Uno que otro artículo firmado en el periódico de cuando en cuando. Luego vino la relativa cercanía, más o menos para cuando empecé a colaborar con el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, entidad de la cual era su jefe de investigaciones y espacio al que brindó su total colaboración hasta tal punto que donó a ella todo su acervo bibliográfico (en vida se le tributó nombrando el centro de documentación del museo con su nombre).

En el museo, con uno de sus hijos, Francisco, se inició el proyecto del Foro Joven, del cual formo parte del equipo coordinador. Y entonces, ya de pronto no era extraño encontrármelo por la calle El Conde y en actividades vinculadas a la Memoria y Resistencia.

El viernes 14 de junio lo alcancé a ver en el encuentro con la ex senadora colombiana Piedad Córdoba. Lo saludé. Siempre en ánimos y con alegría. No sé por qué en ese momento reparé en los cigarrillos que llevaba en uno de los bolsillos superiores de su chacabana. Fue la última vez que nos encontramos… por ahora.

Confieso que aún me mantengo en shock al enterarme de su fallecimiento esa mañana del sábado quince. Aquella frase clitché de «para morirse sólo hay que estar vivo» vino a torturarme todo el día. Coincidí con mi amigo Yoni Cruz cuando dijo «es una gran pérdida para este país: aún faltaba mucho de él por aportar». Yo coincido. En todos los aspectos faltaba mucho de Franklin Franco.

Para quienes hemos hecho un compromiso por una sociedad más inclusiva, democrática y justa, nuestro mejor homenaje es continuar. Que nunca muere alguien si queda en esta tierra quien recuerde y honre su memoria.

Descanse en paz.

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo». 

La página gloriosa de 1959

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«Mientras hayan hombres machos y patriotas/¡habrá patria!/
En ellos está el porvenir de su pueblo/en ellos está/¡la esperanza de la patria!»

Cuco Valoy, «Página Gloriosa» (Fragmento).

(pueden escucharla completa aquí)

Retomo a Cuco, par de años después (esta canción se compuso para 1965) para decir que mientras hayan dominicanos y dominicanas dispuestxs a jugárselas por un ideal, la semilla de la rebeldia no habrá muerto.

Hoy hay que recordar a nuestros mártires de 1959 y a todxs los héroes de la resistencia antitrujillista.

Nuestros mártires y héroes, ¡PRESENTES!

Ahora, ¡y siempre!

Resistir hasta vencer o morir… ¡Venceremos!

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad y con mi vida la defiendo». 

Del patrullaje militar o cuando la desesperación hace trinchera

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La foto es de NoticiasSIN.com

Muchos de ustedes saben que vivo en San Carlos, en una de las avenidas que hace frontera con Villa Consuelo (la 27 de Febrero). La zona no es el paraiso de la seguridad (de hecho, he tenido encuentros directos con la delincuencia en forma de robos y atracos un par de veces) así que ya he ido aprendiendo a tener los ojos bien abiertos (incluyendo los ojos de la intuición) cada vez que salgo o llego (sobre todo principalmente si es de noche). Sigue leyendo