Los besos: ¿mal ejemplo para los niños?

catarsisbesos

(Conviene decir antes de iniciar que esto no persigue denigrar ni echar tierra contra el Museo de Arte Moderno, un espacio abierto a todas las manifestaciones del arte contemporáneo en donde he tenido la oportunidad de ver y participar de eventos culturales sin cabida a censuras de ningún tipo. Hecha la salvedad, empecemos)

Escribo estas líneas pensando en una frase adjudicada a John Lennon: “Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día”.

Luego me llega otro fragmento de “Bebo despacio los caminos de tu piel”, tema de Claudio Cohén que se ha vuelto inmortal en la voz de Patricia Pereyra: “Sólo el amor nos rescatará”, y pienso “lástima que el amor sea tan mal visto por tanta gente…”

En fin. Que la frase de Lennon me llegó a la cabeza varias veces cuando, en la tarde/noche del lunes 5 de mayo, una empleada del Museo de Arte Moderno interrumpió un beso que mi esposa y yo nos estábamos dando como parte de una sesión de fotos por nuestro primer aniversario diciendo que “no estaba permitido chulearse (sic) porque habían niños cerca”.

Y no es que Laura y yo estuviésemos “dando película”. No, no, no… Cuanto mucho lo que en ErreDé llamamos un “piquito”, una diminuta muestra de cariño entre dos personas adultas –por demás casadas-. La manifestación más sencilla y profunda de amor que, según esta señora (que –quiero asumir- fue contratada temporalmente por la Feria del Libro), “es mal ejemplo para los niños”.

Confieso que del pique que cogí esa noche estaba dispuesto a llevar mi queja directamente ante las autoridades del MAM –a las cuales conozco desde hace varios años- pero me disuadieron de hacerlo mis suegros y mi propia esposa.

Lo que no pudieron hacer fue evitar que mi muro de Facebook sirviera de catarsis, lo cual hice en la madrugada del martes 6. Las reacciones de mis amigos fueron muy similares a mis propias reflexiones, agregando alguna que otra cosa.

Y en esa misma línea, parece que un acto de amor es mal visto pero nuestros niños tienen acceso a un contenido de violencia, misoginia, discriminación y sexualidad permanente en los medios de comunicación.

Esos niños que la señora pretendía proteger, bien podrían darle clases de “perreo” o cantarle sin ningún remordimiento “…tu mujer cree que me controla/porque no dimo un tró de lengua epañola”, como reza una composición de El Mayor, “clásico de los clásicos”.

Conste, que no estoy diciendo que eso sea normal o que debieramos aceptarlo. No, no y no… pero cerrar los ojos y pretender que censurar es el paliativo simplemente agrava las situaciones (mismo caso que con la educación sexual en nuestros centros educativos).

El otro aspecto que me enfogonó es el de haberme convertido en víctima de los prejuicios de quienes estaban a cargo de la supervisión del sótano del Museo: asumir que el público que va a la Feria del Libro es de baja condición y que todos, sin excepción, solo van a figurear (lo cual será objeto de otra reflexión en esta Catarsis, lo prometo).

Aún si este enunciado sea cierto, la función del staff supervisor es la de facilitar, no la de restringir. Y la actitud que sentí que tuvieron hacia nosotros es inaceptable, como lo fue hacia otras personas que estaban allí.

Paso a detallar: Nos colocamos frente a un políptico de artistas locales y, esposa de performero al fin, a Laura se le ocurrió que bailáramos frente a la pieza como una forma de dialogar con ella. Eso y que nosotros tenemos por tradición y costumbre bailar en cualquier sitio, cuando nos nazca, solo porque sí.

Ahí nos pasó por el lado otra señora (con una camiseta de la 27ma Bienal) a decirnos “pero aquí no hay música”.

Ella luego dijo que no lo comentó a modo de reproche pero… ¿entonces, por qué el comentario? ¿simplemente porque sí? Todavía estoy preguntándome.

Y mientras eso sucedía, el molote de gentes se tomaba fotos haciendo gestos con las manos sin importarles realmente quienes eran las figuras frente a las cuales se retrataban… pero a ellos nadie les decía nada, aún cuando estuviesen poniendo las manos en la pared o cerca de las piezas.

Ahí vino mi tercera reacción y fue la de sentir pena por quien tiene frente a sí un gran plato de comida pero no quiere comer. Pero ese ya es otro tema y no quiero divergirme demasiado.

Por mal camino vamos si le ponemos trabas al amor con el sambenito de “empiezan así y terminan dando película”. Yo no creo en el golpe preventivo en estos casos. Además, ¿cuál es el problema en que nuestros niños vean que el amor es lindo y que las manifestaciones de cariño son algo normal?

Si seguimos censurando el amor, por mal camino vamos como sociedad.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.

 

 

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