Malos precedentes para el arte en la @ZonaColonial

catarsiszona

El día de ayer en el “Facebook dominicano” inició con una denuncia por parte del guitarrista Camilo Rijo Fulcar, en el sentido de que agentes de la Policía Municipal habían incautado al violinista Abraham Israel Reyes Díaz de su instrumento, alegando que “estaba haciendo bulla” en la Calle El Conde.

Afortunadamente, la presión organizada cumplió su cometido, con la intervención de autoridades del Ministerio de Cultura, y a Israel le devolvieron el violín. Camilo nos lo ha dejado saber y ha agregado que se viene un proyecto de intervención musical de los espacios públicos fruto de todo lo ocurrido.

Si bien la noticia tuvo un final que no fue triste (nunca puede ser feliz el hurto oficial) me llena de preocupación la serie de atropellos cometidos por sectores oficiales hacia actividades culturales libres en la zona colonial. Sigue leyendo

Breve historia citadina a las 4:30 AM

Foto: Patricia Muñoz.

Foto: Patricia Muñoz.

Imagínense el cuadro. Son las 4:39 AM y vas manejando Gómez subiendo hacia la Kennedy, porque la guagua que lleva a tu esposa al trabajo se detiene brevemente en esa intersección a las 4:50 y debes llegar antes de la misma que siga su rumbo hacia Cotuí. Ruedas a 60 kilómetros por hora frente al Super Mercado Nacional y, 20 metros más al fondo, una camioneta de la Policía está atravesada cuan larga es en medio de tu carril. A la misma distancia, divisas una que otra pequeña multitud, a mitad de camino entre un “gentío” y un “molote”. Temes lo peor: un accidente, un zarpazo del sicariato o un “intercambio de disparos”… ¡y tú en el medio! Pero no hay de otra. Avanzas, con un poco más de cuidado, y aparecen en el panorama los retenes que bloquean toda “la Góme”, colocados tal vez por la misma patrulla policial que ahora está bloqueando el paso. Es ahí, mientras haces el obligado desvío a la izquierda, cuando recuerdas la nefasta casa número 25 y su pasado asistencialista. Das un rápido chequeo mental a la fecha. Es 23 de diciembre. Todo cobra absoluto sentido. El balaguerismo no murió con Balaguer.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.

 

Huracán Georges, 16 años después

catarsisgeorges

Tenía 17 años. Era mi segundo trimestre en INTEC. Ese lunes 21 de septiembre de 1998 tenía dos materias por la mañana y una en la tarde, lo cual me obligaba a bajar hasta mi casa en el residencial KG1 a almorzar. Internet aún no estaba tan desarrollado en el país y mi única fuente de conexión era el laboratorio del cuarto piso en el edificio FD del campus inteciano. Durante la mañana, hablábamos de un huracán que ya estaba azotando Puerto Rico pero que aquí… poca información. Apenas lo que advertía The Weather Channel y algunas páginas de meteorología. Los medios locales empezaban a hacerse eco. Al llegar a casa, mi madre me franqueó en la puerta y me dijo: “tú no vuelves hoy a la universidad, hay un huracán en camino”. Sigue leyendo

Breve historia migratoria para @jssmercedes

catarsismigratoria

Buenos Aires, Argentina, año 2007. Un lunes cualquiera de octubre a las 7 de la mañana hora porteña. Alexéi Tellerías ha aterrizado en la Ciudad de la Furia, luego de haber volado -sueño en el avión incluido- por varias horas desde el domingo en la tarde al partir desde Las Américas hasta Ezeiza, con la obligatoria escala en Tocumen. Con cara de sueño, e incrédulo de haber llegado, le toca enfrentar el proceso de Migración. La oficial migratoria que le recibe mira y hojea el pasaporte gemelo -par de grapas incluido- una y otra vez. Se nota que está buscando algo. Precisamente, Alexei sabe qué busca, pero se mantiene tranquilo y espera que sea ella quien lo diga. La joven oficial, pelo castaño y gafas de pasta, levanta la mirada y la desliza en ángulo curvo hacia el noreste de su rosa de los vientos. allende cabinas, hay otra oficial, a la que interpela.

-Ché, República Dominicana?

– No, no necesita.

Alexei se encoge de hombros y mira detenidamente a la oficial. Esta no parece haberse dado cuenta de todas las malas palabras y maldiciones ancestrales cibaeñas de las que está siendo victima allá dentro en el subconsciente de un periodista dominicano que -por unos segundos- estaba más informado sobre temas migratorios argentinos que ella, a la cual le pagaban por saber.

Con cariño para Jessica Mercedes a propósito de su “rant” de hoy respecto al poco valor que le dan al pasaporte dominicano en tierras extranjeras.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”. 

Caribeñidad3s, en Puerto Rico

catarsiscaribe

 

Tuve el honor de conocer a Amarilis Tavarez Vales en mayo del 2010 en una presentación de varios libros en la Librería Mágica, un rincón precioso en Río Piedras donde la literatura se respira y se siente desde que atraviesas la puerta. Mágica es… bueno, le hace honor a su nombre. En aquel entonces ella estuvo como parte de los poetas que leyeron textos de “Miss Carrussel”, de Mirna Estrella Pérez, “Sencilla-Mente” de Carlos Vazquez Cruz y “El mal de los azares”, autoría de Karen Sevilla a quien también conocí (igual honor) en dicho evento.  Sigue leyendo

De cuando las palomas le tiran a las escopetas

Foto: Martín Castro

Foto: Martín Castro

Durante el domingo, mientras conversaba con mis familiares y cercanos sobre los disturbios y altercados en la XXX Convención del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) -que no fueron sorpresivos porque mucha gente ya los estaba esperando, popcorn en mano- hablaba sobre los lamentables sucesos vinculados a los medios de comunicación. Los primeros vídeos mostraban cómo a un simpatizante no le dejaban emitir una denuncia en televisión, mientras una persona señalaba amenazadoramente a la periodista diciéndole “mira fulano, esta es la mujer que te está buscando”.

Horas más tarde sucedió el incidente con el camarógrafo de Noticias SIN, en donde unos perredeistas armados le exigieron entregarle su cámara y -al este negarse- le “sobaron” una pistola y le dijeron “entonces entréganos la tarjeta (de video)”. Desde las altas instancias del partido blanco, pese a que el director de SIN exigió la devolución de la tarjeta, no se dijo nada hasta la protesta, ayer, de los camarógrafos durante una rueda de prensa en el local del partido. Sigue leyendo

Historia de una pasión albiceleste #VamosArgentina @argentina

catarsisalbicelesteTenía 5 años recién cumplidos en 1986, la última vez que Argentina ganó un Mundial de Fútbol. Recuerdo transitar con mi padre por el Malecón y ver un gran despliegue de banderas celestes y blancas ondeando para celebrar ese triunfo en México. La comunidad argentina en el país, supongo. Para ese entonces yo no veía fútbol ni mucho menos seguía el deporte en general, pero creo que esa demostración fue la semilla.

Cuatro años después llegaba Italia 90 y Maradona, Caniggia y esa selección argentina dejó el pellejo en la cancha hasta esa final contra Alemania en la que el árbitro fue despiadado. Los alemanes ganaron por un penal que todavía hoy se discute. En fin, ganaron. Ahí puede decirse que inició mi pasión por el fútbol y de manera particular por la selección argentina.

Aunque en mi país el principal deporte es el béisbol, aprendí lo básico del fútbol en el Calasanz, donde estudié primaria. Me descubrí como un defensa nato (no corría tanto para ser delantero y los extremos eran mi fuerte, aunque me gustaba más ser defensa rompedor). Mi maestro fue Pascasio Mendoza, un guerrero del fútbol dominicano y ex selección nacional. A él le debo transmitirme el gusto por el balompié que comparto con varios deportes (incluyendo la esgrima, de la cual he hablado en posts anteriores).

USA 94 fue el primer mundial cuya transmisión comencé a esperar. Tenía 13 años. Fue el primero en el cual comencé a alentar por Argentina. Ya se saben la historia de lo que pasó con Maradona y aquel control antidopaje “al azar”. Ganó Brasil y celebré (la única vez que he celebrado algo de los brazucas). Luego vino Francia 98 y la pasión seguía creciendo, pero todavía sin chance de poder gritar como se debía un gol o cantar los tradicionales canticos.

No me detendré con la frustración de quedar en el camino en Corea/Japón pero sí hablaré de aquel juego Brasil-Argentina en la final de los Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003. El Estadio Olímpico a reventar. Argentina que ganó 1-0 en un juego donde participó un juvenil poco conocido entonces llamado Lionel Messi. Fue la primera vez que pude cantar a coro hasta desgalillarme aquello de “vamo’vamos Argentina/vamo’vamos a ganar/que esta barra quilombera/no te deja no te deja de alentar”.

Entre 2004 y 2005 descubrí que en una tienda vendían réplicas de camisetas de los equipos de fútbol… y así tuve mis primeras albicelestes, aunque no en los diseños tradicionales que me gustaban (sino de los “aciagos” años cuando la selección firmó con Reebook). Mi amiga Dorys Mejía, al retornar de una maestría que hizo en Argentina, me trajo una que era “all size” que nunca me sirvió (Pero que ahora le sirve -y muy bien- a mi esposa). En 2007 viajé a Buenos Aires, un año después de Alemania 2006, y ahí compré mi primera camiseta original. Años más tarde, en 2010, la tienda Adidas de Plaza Las Américas, de Puerto Rico, tenía una XL con la que usaron en Sudáfrica. Así comenzó a llenarse mi armario de albicelestes. La más reciente la compramos el día del juego contra Bosnia, un regalito de mi esposa.

Mañana Argentina se juega la vida frente a Bélgica. Yo estaré frente a la pantalla alentando y suplicando, porque no hay albiceleste sin sufrimiento. Ojalá que salgamos por la puerta grande. Si no… cada cuatro años hay un mundial nuevo, y con él la esperanza de que Argentina levante la Copa.

Vamos, Argentina.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.