De gestores culturales y la nómina del ministerio

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Hay noticias que van y vienen de manera cíclica. Alguna que otras veces, son vientos enfueguecidos que prenden en una ramita y van quemando hasta formar grandes incendios forestales.

La relacionada a la aparición del cantautor dominicano Pavel Nuñez en una nómina del ministerio de Cultura (MINC) es una de ellas.

Ya dije que no es la primera vez que se habla de esto. En los primeros meses del año, cuando los amigos de “Revolución Cultural” hicieron pública la nómina, salieron estos y otros datos. Pero ahora, cuando el pasado  22 de julio el portal Z101Digital publica estos datos, “todo el mundo se vuelve loco”.

Yo no quise opinar porque mi posición puede parecer “llena de odio” o “defendiendo lo indefendible” y siento que Pavel está lo suficientemente grandecito para defenderse solo. Lo cual ocurrió. Y ahí supe que ya no podría quedarme callado.

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Así fue como vi @la_gunguna #lagunguna

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Sábado 18 de julio. Cinema Centro Malecón. Poquito para las 8 de la noche. Se acabó la eterna tanda de anuncios y trailers y la oscuridad anuncia un momento por fin ansiado. Voy a enfrentarme a “La Gunguna”, ópera prima de Ernesto Alemany basada en el cuento “Montás” de Miguel Yarull… con el mismo Miguel de guionista y la producción ejecutiva de Juan Basanta.

Unos segundos de oscuridad, los suficientes para preguntarme si es de maldad para alargar más la tortura de “todavía no”. Pero los logotipos de los auspiciantes aparecen y ya me puedo sentir tranquilo.

Me debía a mi mismo hablar sobre esta película. Desde noviembre, cuando fue anunciada, sabía que lo iba a hacer, sin importar cual fuese el resultado y mi visión. Me lo debía a mi, a todo el crew envuelto en la película (actores, productores, técnicos, el director y el guionista) y –venga inmodestia- también se lo debía al cine de producción dominicana.

Así que empecemos. Sigue leyendo

Malos precedentes para el arte en la @ZonaColonial

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El día de ayer en el “Facebook dominicano” inició con una denuncia por parte del guitarrista Camilo Rijo Fulcar, en el sentido de que agentes de la Policía Municipal habían incautado al violinista Abraham Israel Reyes Díaz de su instrumento, alegando que “estaba haciendo bulla” en la Calle El Conde.

Afortunadamente, la presión organizada cumplió su cometido, con la intervención de autoridades del Ministerio de Cultura, y a Israel le devolvieron el violín. Camilo nos lo ha dejado saber y ha agregado que se viene un proyecto de intervención musical de los espacios públicos fruto de todo lo ocurrido.

Si bien la noticia tuvo un final que no fue triste (nunca puede ser feliz el hurto oficial) me llena de preocupación la serie de atropellos cometidos por sectores oficiales hacia actividades culturales libres en la zona colonial. Sigue leyendo

Escandalizar… por escandalizar.

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Ayer domingo, cambiando de canales, me enteré que una figura “infame” de la fauna farandulera local iba a ser entrevistada en un canal ubicado en el Ensanche Lugo, a unos pasos del mausoleo de nuestros Padres Fundadores. Sospeché que iba a causar estragos… bueno, el comercial decía “encenderá las redes” y, en efecto, no me equivoqué. Leyendo los comentarios en Facebook y Twitter, me quedó claro que esta persona siente que la única forma de crear ruido alrededor suyo es precisamente abriendo la boca y escandalizando. O que tal vez no tenga un asesor de imagen que le aconseje no ir a los medios por un buen rato. Decidí que no veré el video de la susodicha entrevista y que esto será lo único que diré al respecto (lo incluyo en mi blog para que quede constancia). En mi honesta opinión, deberíamos hacerle caso a aquella frase que recorre la internet, como el fantasma del que hablaba el Manifiesto de Marx y Engels, que dice “Stop making stupid people famous”. Y eso va también para el programa de televisión que, sabiendo las barbaridades que este personaje ha dicho en el pasado, le presta su espacio para beneficiarse de la bulla gratuita, por demás innecesaria, en un obvio interés de hacer leña del árbol que ya cayó.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo” 

Mi mirada a “Dólares de Arena”

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El cine, ya se ha dicho infinitas veces, es contar historias del modo correcto, utilizando todos los recursos que ofrece el séptimo arte: el guión, los encuadres, la fotografía, las actuaciones… y hasta la música.

Adaptación libre de la novela autobiográfica del autor francés Jean-Noël Pancrazi, “Dólares de Arena” cumple a cabalidad su propósito: cuenta una historia y lo hace muy bien, salvo algunos puntos “valle” en los que no parece avanzar y se queda patinando en el piso. Pero son los menos en una producción de hora y media, en el que desentrañamos la relación entre Anne, una francesa con conflictos familiares que se establece en Samaná, y Noelí, una joven dominicana que se prostituye para mantener la familia no-tradicional que ha formado con su novio. Sigue leyendo

Los limpiavidrios están de nuevo en las calles

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Esta catarsis empezó a ser escrita el 6 de mayo.  La había abandonado por… sabrá Dios cuales razones. La semana pasada sucedió algo que me hizo retomarla. En la misma esquina de la Jimenez Moya (a esa altura todavía no se llama Winston Churchill) con Sarasota -donde hace casi un año mataron al muchacho limpiavidrios que despertó toda una discusión sobre el tema- en dirección Norte-Sur, a eso de las 9 de la noche, un limpiavidrios nos interceptó con cierto tono violento a mi esposa y a mi, aún cuando le habíamos hecho señas de que no nos limpiara el vidrio porque no teníamos menudo. Sigue leyendo

El Reglamento 824 vive… y sirve hasta para remedio

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El TT de ayer y hoy en el Social Media Dominicano (a partir de ahora llamado DominicanSM) ha sido la prohibición, por parte de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR) del concierto de Miley Cyrus que iba a efectuarse en el Estadio Quisqueya el 13 de septiembre bajo los argumentos de “acostumbrada violación a la moral y las buenas costumbres” y amparada en los atributos que le confiere el Reglamento 824 (para ser más específicos el Artículo 10 del reglamento en cuestión).

No pienso hablar sobre la vulgaridad (o no) de la ex Hanna Montana y de los estándares dobles de nuestra sociedad y del “prohibido prohibir” y del qué hace -o no hace- la CNEPR (la misma que suspendió por una semana a Alvarito Arvelo en el 2001 y luego tuvo que echarse para atrás, visita incluida del entonces secretario de Cultura, Tony Raful, para disculparse). Prefiero circunscribirme a hechos particulares fruto de una reflexión de estas últimas horas. Aquí van:

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