Algunos datos sobre #FIFAWorldCup

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Estamos en Mundial, definitivamente. Todos. Incluyendo aquellos que reniegan de esta locura global y globalizada con ciertos aires de elitismo, regodeándose de su superioridad (or whatever the hell that is) por importarle tres carajos lo que va a pasar durante todo este mes de junio hasta el 15 de julio.

Pero sí. Desde semanas antes del 14, la humanidad pone sus ojos en Rusia, sede de la 21 Copa Mundial de Fútbol “Rusia 2018”, uno de los eventos deportivos más importantes… incluso más que los Juegos Olímpicos, ¡vayan ustedes a saber!

Pero mientras el balón rueda y todos esperamos que gane Argentina (bueno, todos no… YO espero que así pase) Aquí les comparto algunos detalles sobre la Copa y su organizadora, que es la FIFA. Sigue leyendo

Historia de una pasión albiceleste #VamosArgentina @argentina

catarsisalbicelesteTenía 5 años recién cumplidos en 1986, la última vez que Argentina ganó un Mundial de Fútbol. Recuerdo transitar con mi padre por el Malecón y ver un gran despliegue de banderas celestes y blancas ondeando para celebrar ese triunfo en México. La comunidad argentina en el país, supongo. Para ese entonces yo no veía fútbol ni mucho menos seguía el deporte en general, pero creo que esa demostración fue la semilla.

Cuatro años después llegaba Italia 90 y Maradona, Caniggia y esa selección argentina dejó el pellejo en la cancha hasta esa final contra Alemania en la que el árbitro fue despiadado. Los alemanes ganaron por un penal que todavía hoy se discute. En fin, ganaron. Ahí puede decirse que inició mi pasión por el fútbol y de manera particular por la selección argentina.

Aunque en mi país el principal deporte es el béisbol, aprendí lo básico del fútbol en el Calasanz, donde estudié primaria. Me descubrí como un defensa nato (no corría tanto para ser delantero y los extremos eran mi fuerte, aunque me gustaba más ser defensa rompedor). Mi maestro fue Pascasio Mendoza, un guerrero del fútbol dominicano y ex selección nacional. A él le debo transmitirme el gusto por el balompié que comparto con varios deportes (incluyendo la esgrima, de la cual he hablado en posts anteriores).

USA 94 fue el primer mundial cuya transmisión comencé a esperar. Tenía 13 años. Fue el primero en el cual comencé a alentar por Argentina. Ya se saben la historia de lo que pasó con Maradona y aquel control antidopaje «al azar». Ganó Brasil y celebré (la única vez que he celebrado algo de los brazucas). Luego vino Francia 98 y la pasión seguía creciendo, pero todavía sin chance de poder gritar como se debía un gol o cantar los tradicionales canticos.

No me detendré con la frustración de quedar en el camino en Corea/Japón pero sí hablaré de aquel juego Brasil-Argentina en la final de los Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003. El Estadio Olímpico a reventar. Argentina que ganó 1-0 en un juego donde participó un juvenil poco conocido entonces llamado Lionel Messi. Fue la primera vez que pude cantar a coro hasta desgalillarme aquello de «vamo’vamos Argentina/vamo’vamos a ganar/que esta barra quilombera/no te deja no te deja de alentar».

Entre 2004 y 2005 descubrí que en una tienda vendían réplicas de camisetas de los equipos de fútbol… y así tuve mis primeras albicelestes, aunque no en los diseños tradicionales que me gustaban (sino de los «aciagos» años cuando la selección firmó con Reebook). Mi amiga Dorys Mejía, al retornar de una maestría que hizo en Argentina, me trajo una que era «all size» que nunca me sirvió (Pero que ahora le sirve -y muy bien- a mi esposa). En 2007 viajé a Buenos Aires, un año después de Alemania 2006, y ahí compré mi primera camiseta original. Años más tarde, en 2010, la tienda Adidas de Plaza Las Américas, de Puerto Rico, tenía una XL con la que usaron en Sudáfrica. Así comenzó a llenarse mi armario de albicelestes. La más reciente la compramos el día del juego contra Bosnia, un regalito de mi esposa.

Mañana Argentina se juega la vida frente a Bélgica. Yo estaré frente a la pantalla alentando y suplicando, porque no hay albiceleste sin sufrimiento. Ojalá que salgamos por la puerta grande. Si no… cada cuatro años hay un mundial nuevo, y con él la esperanza de que Argentina levante la Copa.

Vamos, Argentina.

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo».

 

Con la albiceleste hasta el fin

Celebrando el 3-1 de Argentina contra México, el sábado pasado en Champions

A menos que sufras de amnesia o hayas recuperado el sentido en los últimos 3 días, es difícil imaginar que alguien no haya sido «tocado» por la fiebre futbolística que recorre el mundo durante todo este mes. Fanáticos, entusiastas, posers, deportistas, periodistas, comentaristas, damas y caballeros, público en general… todo el mundo al menos ha visto imágenes de los juegos de este Mundial de Fútbol que se está efectuando en Sudáfrica… con todo y el cambio de horario. Sigue leyendo

Animando por la albiceleste

Cuando el año pasado Santiago Almada me pidió una reseña sobre mí para publicar uno de mis poemas en Clave Digital, empecé con un detalle muy particular. «Soy, le dije, fanático de dos cosas en este mundo: las Aguilas Cibaeñas y la gloriosa Albiceleste«. Estos cuatro años de Catarsis han sido testigos fieles de mis desvelos y desvaríos por la selección argentina de fútbol.

Desde el 1986 (bueno, realmente desde el 90, siendo sinceros), he germinado y dejado crecer esta pasión por el equipo de rayas blancas y azul celeste, con cada torneo en el que he tenido chance de seguirlos (y sí, me dí el gustazo de gritar el épico cántico de «vamos, vamos, Argentina…» en la final de los Panam 2003 en el Estadio Olímpico -que entonces no se llamaba «Félix Sánchez»). Han sido años de pequeños goces, de desiluciones malditas (como aquella descalificación temprana del mundial 2002), pero de mucha emoción. Sigue leyendo