Devorando carreteras

Mis amigos Darío y Arturo confesaron vía Twitter que envidiaban mi trabajo por mis contactos permanentes con la tierra más fértil de nuestro país. No sin morirme de risa tuve a bien contestarles que, más allá del trabajo, los más recientes se debían a diversión.

En efecto, los sueños se me han ido transformando en rutas asfálticas hacia cualquier rumbo medioisleño, principalmente en las provincias cibaeñas. Ningún lugar está lejos, parafraseando a la Yalo, si se tienen los ímpetus suficientes para vencer distancias y descubrir destinos no conocidos por el ojo… el de uno, quiero decir. Y entonces viene la fantasía de que ya los interiores de los autobuses te conocen, y te hacen más placentero el recorrido.
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