Al Reglamento 824 hay que eliminarlo y punto

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Esta Catarsis va a ser larga. O sea, LARGA. Pensé en dividirla en varias partes, pero siento que luego se puede perder el mensaje completo si lo hago. Disculpas adelantadas. 

La República, las censuras, el control pretendido que no es más que una utopía sólo alcanzable en años aciagos de dictadura y represión. El Reglamento 824 y la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR) que pretende regir todo lo concerniente a actividades multitudinarias y medios de comunicación masiva. La necesidad de una legislación actualizada y acorde con las nuevas circunstancias. Mucha tela por donde cortar.

Tengo varios meses en los distintos medios donde he tenido chance de hablar entrándole al Reg824, que establece los criterios y líneas de acción de la mentada CNEPR. También he tocado algo en este blog. Años y meses diciendo que a la CNEPR lo que hay es que disolverla. No arreglarla, no… disolverla, y que desde el INDOTEL se cree un mecanismo de regulación, NO DE CENSURA como es el caso en la actualidad.

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El Reglamento 824 vive… y sirve hasta para remedio

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El TT de ayer y hoy en el Social Media Dominicano (a partir de ahora llamado DominicanSM) ha sido la prohibición, por parte de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR) del concierto de Miley Cyrus que iba a efectuarse en el Estadio Quisqueya el 13 de septiembre bajo los argumentos de «acostumbrada violación a la moral y las buenas costumbres» y amparada en los atributos que le confiere el Reglamento 824 (para ser más específicos el Artículo 10 del reglamento en cuestión).

No pienso hablar sobre la vulgaridad (o no) de la ex Hanna Montana y de los estándares dobles de nuestra sociedad y del «prohibido prohibir» y del qué hace -o no hace- la CNEPR (la misma que suspendió por una semana a Alvarito Arvelo en el 2001 y luego tuvo que echarse para atrás, visita incluida del entonces secretario de Cultura, Tony Raful, para disculparse). Prefiero circunscribirme a hechos particulares fruto de una reflexión de estas últimas horas. Aquí van:

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Hechos irrefutables

Hecho: Hubiese sido invitada o se apareciese sin invitación, Venya Carolina estaba siendo entrevistada en el programa «Los Dueños del Circo», en Digital 15.

Hecho: Desde el momento que la entrevista empezó, puede observarse que la ex-conductora de «Zona R» estaba jugando un juego (valga la redundancia) de provocación y provocación de vuelta. Quienes estamos en estos medios, sabemos bastante que los «cirqueros» tienen los juegos pesados y que nunca han tenido pelos en la lengua para decir verdades entrecomilladas aún en la cara del interpelado (interpelada, en este caso).

Hecho: Al ella entrar en este juego, palabras «descompuestas» incluidas, ella quedó en una posición muy desventajosa frente a los DdC. Es un campo que ellos conocen muy bien, y fueron moviéndola hasta un punto en el que paulatinamente ella pasó de la ofensiva a la defensiva.

Hecho: Entre provocación y provocación, las palabras pasaron a lo físico. Está claro que Venya no estaba en su mejor día. En los videos se le nota hastiada, molesta y rabiosa, sin ningún ánimo de guardar las apariencias. El mismo Enrique Crespo le comenta en un momento de la entrevista frustrada que «me siento como si estuvieramos haciendo el programa en el patio de mi casa».

Hecho: Venya inició la agresión.

Hecho: El resto del equipo, incluyendo el staff detrás de cámaras, le voló encima.

Hecho: Este incidente ocurría frente a los ojos de miles de personas en sus pantallas, en plena televisión nacional, aunque fuese en un horario «no apto para menores de 18 años», como obliga a informar el vetusto Reglamento 824.

Hecho: Posterior al altercado, «la Bernie» realizó frente a las cámaras toda una profesión de autocongratulación por haberle «dado hasta que tosió», burlándose abiertamente y mostrando las hebras de cabello (extensiones, podría decirse) que le había arrancado a Venya durante el altercado.

Hecho no comprobado: Mientras todo eso ocurría, una rata caminaba por los oscuros pasillos de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía.

Y no, no defiendo a ninguno. Este tipo de incidentes lo único que provoca es verguenza ajena.