Hasta pronto Cuquito Peña. Los recuerdos nunca mueren

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Políptico autoría de Cuquito Peña en la Facultad de Artes de la UASD. Una de sus piezas preferidas por mí.

Debían ser las cinco de la tarde cuando la esposa de mi papá me llamó para preguntarme si tenía detalles sobre el fallecimiento de Cuquito Peña, el artista, el amigo, el papá de Orly y Emmanuel. Confieso que del shock hasta el carro se me apagó. Los primeros segundos fueron, como siempre, de incredulidad. Uno nunca está preparado para este tipo de noticias. Y duele.

Todo tipo de recuerdos me llegaron a la mente. Los iniciales, cuando le conocí en mi infancia mientras él impartía clases de pintura a Carmen Rita (la esposa de mi papá), algunas cenas en la azotea de la que hoy es mi residencia matrimonial… luego los encuentros con él y Emmanuel en el parque Duarte y en otros espacios (de manera muy particular aquel conversatorio en La Multitud sobre políticas culturales, donde su voz se hizo oir a pesar de algún importunante que no quería darle espacio).

Su desaparición física será la nota triste de esta semana en la que los arañadores iniciamos uno de nuestros proyectos más ambiciosos: «Lengua de Mar 2013». Esta noche, mientras inauguremos este encuentro de escritores, le recordaremos. Lo haremos conscientes de que nadie muere realmente si siempre se le recuerda y respeta su memoria.

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo». 

Adiós, don Franklin Franco…

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Lo conocí. Primero por referencias. Como historiador, sociólogo y hombre de la UASD. Uno que otro artículo firmado en el periódico de cuando en cuando. Luego vino la relativa cercanía, más o menos para cuando empecé a colaborar con el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, entidad de la cual era su jefe de investigaciones y espacio al que brindó su total colaboración hasta tal punto que donó a ella todo su acervo bibliográfico (en vida se le tributó nombrando el centro de documentación del museo con su nombre).

En el museo, con uno de sus hijos, Francisco, se inició el proyecto del Foro Joven, del cual formo parte del equipo coordinador. Y entonces, ya de pronto no era extraño encontrármelo por la calle El Conde y en actividades vinculadas a la Memoria y Resistencia.

El viernes 14 de junio lo alcancé a ver en el encuentro con la ex senadora colombiana Piedad Córdoba. Lo saludé. Siempre en ánimos y con alegría. No sé por qué en ese momento reparé en los cigarrillos que llevaba en uno de los bolsillos superiores de su chacabana. Fue la última vez que nos encontramos… por ahora.

Confieso que aún me mantengo en shock al enterarme de su fallecimiento esa mañana del sábado quince. Aquella frase clitché de «para morirse sólo hay que estar vivo» vino a torturarme todo el día. Coincidí con mi amigo Yoni Cruz cuando dijo «es una gran pérdida para este país: aún faltaba mucho de él por aportar». Yo coincido. En todos los aspectos faltaba mucho de Franklin Franco.

Para quienes hemos hecho un compromiso por una sociedad más inclusiva, democrática y justa, nuestro mejor homenaje es continuar. Que nunca muere alguien si queda en esta tierra quien recuerde y honre su memoria.

Descanse en paz.

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo». 

El primero que partió

Tal vez este título quede erróneo,  porque antes de tí -en unas condiciones casi similares- falleció Amelia, hija de tía Fé (y hermana de Jhonatan, Gerardo y Victoria). Pero, si vamos a mi generación, te tocó a tí ser el primero en abandonarnos. Mi primo Fausto dormía con los ojos abiertos, y me pareció tan extraño tener que enfrentarme a verlo con ellos cerrados dentro del féretro,  justo al lado de su madre, que lo acompañó en la partida al otro mundo por culpa de un motorista. En lo personal, me es difícil imaginarme la partida de ambos. Mi subconsciente se niega, a pesar de haber participado en los ritos de margen reglamentarios para la resignación posterior y acompañar a mi familia en este doloroso proceso. En una madrugada, la historia de mi familia cambió para siempre. Fausto y tía Rosa (esposa de mi tío Miguel) perdían la vida en un accidente de tránsito y yo todavía me resisto a creerlo. Paz a sus restos y resignación para toda la familia. Sí, este año los accidentes han marcado la pauta en mis cercanos desde el mío propio a inicios de diciembre.

Catarsis, catarsis. Siempre recordaré tu buena disposición y sentido del humor. Quién iba a decir que el encuentro de enero iba a ser el último. Pero así es la muerte, de inoportuna.

In Memoriam

«Esta noche nos reunimos/para darles lo mejor/y mostrar con optimismo/el encanto del humor/ya está toda la familia/y hasta el perro también/porque nosotros queremos/que ustedes se sientan bien/no se mueva de su asiento/nadie se pare de ahí/que empezó en este momento/el show de Luisito y Anthony».

Tuvo que ser un domingo, justo el día en que, durante mi infancia, él se reencontraba con nosotros a través de la pantalla de Color Visión con uno de los programas cómicos que mayor trascendencia tuvo en la década de los noventa. Tuvo que ser iniciando el año, como para no arruinar la felicidad de las fiestas de fin de diciembre. Tuvo que ser precisamente Balbuena, Efraín, Casimiro, Leo el preso, Joe el Rockero… tuvo que ser Luisito quien nos abandonase físicamente. La muerte es injusta, pero la vida también. Mis condolencias a sus familiares y a toda persona que se sintiese -al igual que yo- cercana con quien nos ayudó a reirnos de nuestros problemas.

Catarsis, catarsis.

La Negra, inmortal

 

Mercedes, quien estuvo en la isla en aquella jornada tan bien recordada y difícil de repetir de “Siete días con el pueblo”, supo acompañar mi tortuoso y difícil trayecto del fin de la adolescencia a la joven-adultez, si podemos llamarlo de alguna forma. Gracias a la colección de CD´s de mi papá, empecé a descubrir un mundo lleno de cigarras, caritos, mazas y -sobre todo- canciones.
En «Y dale alegria a mi corazón…«, Diciembre 2006.

La noticia de su gravedad hizo que mis emociones se paralizaran. Y despertarme ayer con lo inevitable me provocó una repentina tristeza. Tristeza porque, aunque uno sabe del irremediable trayecto de la vida hacia la muerte, ella sigue doliendo. Porque La Negra hoy no está y su potente vozarrón sólo retumbará en el recuerdo. Porque desde ayer no te tenemos entre nosotros y eso convierte al mundo en un lugar un poco más triste. No te olvidaremos jamás. Hasta pronto, Mercedes Sosa.