Oriundo del asfalto

“Y una vez más, las palabras escapando de mi boca se hicieron carretera (…)”.
D.C.


Algunos días, las fotos que habitan el subconsciente se antojan avaras de presencia, y hay que salir a buscarlas en los destinos más distintos y particulares. Mi trido vacacional, aparte de servirme para dormir la milla extra, probó ser la temporada perfecta para que brotaran alas de mis sueños y echaran a volar por la media isla.

Y hacia allá vamos, devorando el asfalto que recubre los distintos puntos cardinales. Sin brújula ni cronómetro, simplemente las ansias de conocer y volver a pasar por el corazón esas instantáneas que suelen empañarse o diluirse al caerles encima el ácido del olvido.
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No son etéreas


Hoy, 25 de noviembre, el mundo observa el día internacional de la no-violencia contra la mujer. Por lo general, esta es una fecha que nos sirve a nosotros, los que luchamos por una nueva masculinidad, para recordar que la violencia de género -por el género- es un mal que debemos erradicar y que está en nosotros detectarla y ayudar a quienes la padecen.

Pero no es de eso que quiero hablar. Quiero referirme a la razón por la cual hoy celebramos esta fecha: a las Mirabal. Ahora que se cumplen 48 años del horrendo crímen, a ellas hay que recordarlas como lo que realmente fueron: luchadoras.

Las que se atrevieron a enfrentar un régimen como el trujillista, las que forjaron una organización tan fuerte como el movimiento clandestino “14 de junio”, las que no temieron ante las amenazas y fueron a encontrarse con la historia al bajar de Puerto Plata la noche de un 25 de noviembre de 1960…

Prefiero recordarlas a ellas, a las fuertes, y no a las “mariposas etéreas” que el “establishment” quiere venderme. Por ellas, como se suele decir, ni un minuto de silencio y toda una vida de lucha.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.