Para estos dias de lluvia

Desciendo. Abro mis sentidos al maravilloso y mundanal ruido mientras el cristal que me separa de la pseudo-realidad involuciona a su estado de inercia B (¡sí, inercia!) por una enésima vez. En el suelo han quedado esparcidas las cenizas de agua y tierra, consecuencia de la feroz guerra recién difunta, amontonadas, como si quisieran besarse y tuvieran miedo o vergüenza de que los vean.

Y el ruido es un susurro feroz, donde distingo cercano de lejano, ausencia de presencia, y mis ojos abrazan lo no palpable y lo vuelcan en el vaso de la experiencia vívida. Trato de perderme entre la soledad que me produce, muy a mi pesar, el imaginarme dentro suyo, lográndolo por breves instantes para luego ser expulsado como estudiante con un promedio de 69, y hasta la próxima vez, acá no ha pasado nada.

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