De exigencias… y exigencias

catarsisexigencias

Aún no dan las nueve de la mañana en la ciudad priVada de América. Sobre el elevado del cruce de Manoguayabo se escucha el retumbar de un dembow. Poco importa la canción. El estruendo te pasa por el lado y ves una Patfinder roja de cuatro puertas. Poco importa el año. Los vidrios delanteros abajo, los traseros a tres cuartos. El retumbe continúa mientras se aleja de ti y ves en el vidrio de atrás la infame pegatina de «EXIGIMOS NUESTRO ESPACIO MUSICAL». Entonces te preguntas cuando fue que la contaminación auditiva y el obligar a los demás a escuchar lo que tú quieres sin consulta previa se convirtió en derecho y, sobre todo, cuando fue que quienes lo exigen con tal vehemencia perdieron la verguenza de reconocer que, en efecto, contaminan.

Catarsis, catarsis.

«Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo»

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Lo bueno de compartir las labores de redactor en el Listín con este blog, es que puedo darle continuidad a alguno de los temas que trabajo. En este caso, este email me llegó a propósito del reportaje «Víctimas del ruido en sus propios hogares» que publiqué a finales de mes.  Lo que más me impactó fue -qué pequeño el mundo- saber que quien me escribió es la «suegra-en-proyecto» de mi amiga y colega Lyn. Le pedí permiso para reproducirla y me lo dieron. Aquí está.

Debajo del «Siga leyendo», la carta.

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