Tuvo que ocurrir una tragedia

foto: 7dias.com.do

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Imaginen que tienen entre sus manos una bomba con una mecha bien larga, pero encendida. Tarde o temprano la susodicha va a explotar y alguien saldrá herido o muerto. En el caso que nos ocupa, la bomba explotó antes que nuestras autoridades siquiera imaginaran tomar cartas en el asunto y ya tuvo una víctima fatal.

La metáfora aplica para el tema de los «limpia vidrios» y -en general- a la situación que ocurre a diario en las principales esquinas en la zona metropolitana de República Dominicana (Distrito Nacional y Provincia Santo Domingo). Tuvo que ocurrir lo evitable para que todos tengamos que voltear la cara hacia ese problema. Tuvo que explotar la bomba. Tuvo alguien que matar a alguien para que el status quo «se diera cuenta» de algo que tenían en sus propias narices. Sigue leyendo

El primero que partió

Tal vez este título quede erróneo,  porque antes de tí -en unas condiciones casi similares- falleció Amelia, hija de tía Fé (y hermana de Jhonatan, Gerardo y Victoria). Pero, si vamos a mi generación, te tocó a tí ser el primero en abandonarnos. Mi primo Fausto dormía con los ojos abiertos, y me pareció tan extraño tener que enfrentarme a verlo con ellos cerrados dentro del féretro,  justo al lado de su madre, que lo acompañó en la partida al otro mundo por culpa de un motorista. En lo personal, me es difícil imaginarme la partida de ambos. Mi subconsciente se niega, a pesar de haber participado en los ritos de margen reglamentarios para la resignación posterior y acompañar a mi familia en este doloroso proceso. En una madrugada, la historia de mi familia cambió para siempre. Fausto y tía Rosa (esposa de mi tío Miguel) perdían la vida en un accidente de tránsito y yo todavía me resisto a creerlo. Paz a sus restos y resignación para toda la familia. Sí, este año los accidentes han marcado la pauta en mis cercanos desde el mío propio a inicios de diciembre.

Catarsis, catarsis. Siempre recordaré tu buena disposición y sentido del humor. Quién iba a decir que el encuentro de enero iba a ser el último. Pero así es la muerte, de inoportuna.

Qué conducta

Leo esta historia y no puedo dejar de pensar en un fragmento de «La Madre», en la versión de Bertolt Brecht, específicamente la canción del parcho y de la bolsa:

Cada vez que la bolsa está hecha jirones
Ustedes vienen corriendo y dicen: ¡esto no puede seguir así!
¡Esto hay que remediarlo de cualquier manera
Y apurados corren hacia los patrones
Mientras nosotros tiritando esperamos.
Y ustedes vuelven, y triunfantes
Nos muestran lo que conquistaron para nosotros,
Un pequeño parche.
Muy bien, ahí está el parche
Pero ¿donde está todo lo que contiene la bolsa?

Hace unos días, mi tres veces colega (por periodista, poeta y blogger) Argénida, me envió una historia -desgarradora por demás, y muy bien trabajada- sobre uno de los damnificados del derrumbe de Guachupita, quien ya venía con una serie de promesas incumplidas cargadas sobre sus espaldas.

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