Rueda y más rueda de Miami a NY (primera parte)

El Consulado en la actualidad. Para 1997 no tenía las comodidades de ahora.

El Consulado en la actualidad. Para 1997 no tenía las comodidades de ahora.

(Yo empecé a escribir esta memoria de viajes en 2009. Más de cuatro años después, la retomo para publicarla por partes. ¡Es que es muy larga!)

Las paredes del consulado de la Gómez con Penson están grafiteadas de millares de historias invisibles. Cada dominicano o dominicana que ha pasado por ahí buscando visa “pa lo paise” -sea para visitar o para quedarse- tiene un relato interesantísimo sobre su experiencia.

En mi caso, el que siempre comento es el del “sustazo” que me hizo pasar una oficial consular en aquellos días de 1997. Sigue leyendo

Hasta pronto Cuquito Peña. Los recuerdos nunca mueren

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Políptico autoría de Cuquito Peña en la Facultad de Artes de la UASD. Una de sus piezas preferidas por mí.

Debían ser las cinco de la tarde cuando la esposa de mi papá me llamó para preguntarme si tenía detalles sobre el fallecimiento de Cuquito Peña, el artista, el amigo, el papá de Orly y Emmanuel. Confieso que del shock hasta el carro se me apagó. Los primeros segundos fueron, como siempre, de incredulidad. Uno nunca está preparado para este tipo de noticias. Y duele.

Todo tipo de recuerdos me llegaron a la mente. Los iniciales, cuando le conocí en mi infancia mientras él impartía clases de pintura a Carmen Rita (la esposa de mi papá), algunas cenas en la azotea de la que hoy es mi residencia matrimonial… luego los encuentros con él y Emmanuel en el parque Duarte y en otros espacios (de manera muy particular aquel conversatorio en La Multitud sobre políticas culturales, donde su voz se hizo oir a pesar de algún importunante que no quería darle espacio).

Su desaparición física será la nota triste de esta semana en la que los arañadores iniciamos uno de nuestros proyectos más ambiciosos: “Lengua de Mar 2013″. Esta noche, mientras inauguremos este encuentro de escritores, le recordaremos. Lo haremos conscientes de que nadie muere realmente si siempre se le recuerda y respeta su memoria.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”. 

Cine hecho en erre dé: la cantidad va primero

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(Escrito como colaboración para el portal DagoSanchez.com)

¿Qué cómo yo veo el cine hecho en dominicana? Bueno… ¿Tienen tres semanas para hablar?

Okey, trataré de reducir mis pensamientos.

Lo primero es que yo veo con buenos ojos que ya empiece a pensarse en esto como una industria: que hayan técnicos cada vez más capacitados, que se haya pensado en una ley que promueva la actividad fílmica (aunque yo pienso más que eso es para buscar inversionistas de fuera, pero esa es otra cosa) en el país y sobre todo que la filmografía dominicana esté creciendo a ritmo de unas tres o cuatro producciones por año.

Cantidad. Siempre hablamos de cantidad primero. La calidad necesariamente tendrá que venir después. De hecho, yo creo que la cantidad es necesaria porque nuestros técnicos tienen que llevar comida a la mesa de sus casas. Por eso cualquier producción criolla (incluyendo –sobre todo- las de Roberto Angel) tiene su mérito y es aplaudible.

Dicho esto, procedo: En el Cine Dominicano las cosas siempre han sido cuestión de momentos y “booms”. Desde “La Silla” no se había hecho nada hasta que en 1985 un grupo de soñadores encabezados por Agliberto Meléndez decidió filmar “Pasaje de ida”, el que para mí sigue siendo el mejor film de factura local.

Sin embargo, una pieza como esa no se vuelve a filmar en este país.

¿Por qué? En ese momento nadie estaba pensando en ganar dinero, sino simplemente en hacer una película. No es que esté mal ganar dinero, pero ese tipo de idealismo ya no existe mucho. Los tiempos han cambiado.

En el intermedio es muy poco lo que se puede hallar. Yo tengo recuerdos vagos de un afiche (hecho a mano) de “Tráfico de Niños” (la primera película de Alfonso Rodríguez) en Cinema Centro del Malecón, en los mismos días que proyectaban “Ruskies”, una película que ya habían presentado hasta la saciedad en Disney Channel.

Por cierto, ¿alguien tendrá ese largometraje? A mí me interesa verlo.

Saltamos entonces al segundo soñador: Ángel Muñiz, quien aceita la maquinaria y le da inicio con “Nueba Yol: por fin llegó Balbuena” en 1997. Quienes éramos muy pequeños para ver “Un pasaje de ida” (yo no pude verla hasta hace dos años, con todo y que se reeditó para el cine en 2003) descubrimos el encanto de vernos reflejados en la pantalla grande. ¡Por fin poder ir a Palacio del Cine y ver el Kilómetro 9 de la Autopista Duarte proyectado, aunque fuera para mostrar ese gran letrero de Café Mamá Inés en la secuencia-para-salir-de-los-patrocinadores!

Entonces vino el primer boom serio: de esa época recuerdo producciones como “Cuatro hombres y un ataúd”, “Víctimas del poder” y la película que tuvo tres versiones y un viaje de pleitos (“Para vivir o morir” que después fue relanzada como “jugada final” y al final una tercera versión con “Basta ya”).

Vino entonces el blof. No todas fueron éxitos comerciales (ni siquiera “Nueba Yol 3: Bajo la nueva ley”, que –al tener la oportunidad de verla hace unos meses- comprendí que nunca debió de torcerse el guion para una secuela solo porque la película funcionó la primera vez).

Explotó la burbuja. Y solo el cine documental de René Fortunato (que desde “Abril: la trinchera del honor” demostró que a los dominicanos nos interesa el género tanto como para llenar las salas si el tema nos llama la atención) nos da de qué hablar.

Aquí entonces hay que hablar del segundo momento: “Perico Ripiao” en el 2003. Ángel Muñiz retorna y nos ofrece nuestro primer “road movie” y la oportunidad de creer de nuevo. Ese es el momento del segundo “boom” que tuvo años de vacas flacas pero marca el arranque definitivo hacia lo que muchos queremos soñar como “la industria”.

ACROARTE incluye la categoría de “Producción cinematográfica del año” un par de años después, luego vendrán las de actor, actriz y director cinematográfico. Empiezan a aparecer producciones independientes de jóvenes realizadores tanto en corto como medio y largometraje (la Cinemateca Nacional sirvió de casa para proyectar muchas de ellas, algunas olvidables como “Masacre en el río Yuna”).

De pronto pensar en cine se volvió moda…

y aparecieron dos o tres que quisieron pescar en río revuelto.

En ese momento es que nos encontramos ahora. Con realizadores haciendo una película por año. Con una ley de cine que parece haber dado resultados para muchos de ellos (¿al final la derogaron o no?) Con gente que está pensando en buscar ese híbrido entre lo bueno y lo comercial. Con una Universidad Autónoma de Santo Domingo que es responsable de la formación de gran parte del talento cinematográfico de este país pese a que Ellis Pérez se niegue a aceptarlo.

Hay mucho movimiento. Eso, precisamente, lo de la cantidad, es lo que –tarde o temprano- obligará a la calidad. Mientras tanto, que siga haciéndose cine. Bueno, malo o de Roberto Ángel. Cronos siempre se queda con lo bueno y conservable.

Fin de la conversación.

 Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad y con mi vida la defiendo”. 

Adiós, don Franklin Franco…

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Lo conocí. Primero por referencias. Como historiador, sociólogo y hombre de la UASD. Uno que otro artículo firmado en el periódico de cuando en cuando. Luego vino la relativa cercanía, más o menos para cuando empecé a colaborar con el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana, entidad de la cual era su jefe de investigaciones y espacio al que brindó su total colaboración hasta tal punto que donó a ella todo su acervo bibliográfico (en vida se le tributó nombrando el centro de documentación del museo con su nombre).

En el museo, con uno de sus hijos, Francisco, se inició el proyecto del Foro Joven, del cual formo parte del equipo coordinador. Y entonces, ya de pronto no era extraño encontrármelo por la calle El Conde y en actividades vinculadas a la Memoria y Resistencia.

El viernes 14 de junio lo alcancé a ver en el encuentro con la ex senadora colombiana Piedad Córdoba. Lo saludé. Siempre en ánimos y con alegría. No sé por qué en ese momento reparé en los cigarrillos que llevaba en uno de los bolsillos superiores de su chacabana. Fue la última vez que nos encontramos… por ahora.

Confieso que aún me mantengo en shock al enterarme de su fallecimiento esa mañana del sábado quince. Aquella frase clitché de “para morirse sólo hay que estar vivo” vino a torturarme todo el día. Coincidí con mi amigo Yoni Cruz cuando dijo “es una gran pérdida para este país: aún faltaba mucho de él por aportar”. Yo coincido. En todos los aspectos faltaba mucho de Franklin Franco.

Para quienes hemos hecho un compromiso por una sociedad más inclusiva, democrática y justa, nuestro mejor homenaje es continuar. Que nunca muere alguien si queda en esta tierra quien recuerde y honre su memoria.

Descanse en paz.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”. 

La espera… un tanto desesperante

Alguien sabe donde está …? Un grupo de estudiantes, en específico los que tenemos que tomar una asignatura en particular, estamos esperando por ella. Ya el semestre marcha por su quinta semana, y este es el día en que no le hemos visto el rastro ni por FH ni por ED (los edificios donde tenemos que tomar clases ). Lo último que supimos es que estaba fuera del país (y la escuela no envió un ayudante de profesor a suplir, supuestamente -eso me dijeron en la escuela- por que pidió que no fuese asi). Mientras, el semestre avanza, la cantidad de estudiantes en la sección (los masoquistas, digo yo) disminuye, y yo no voy a darle el gusto de retirar la materia. Yo seguiré asistiendo, asi sea para encontrarme con la pared y la realidad de que ella aún no se ha integrado y de que la Escuela de Comunicación Social no ha cumplido con su rol. Yo me cansé de esperar y he decidido hacerme eco en esta Catarsis, a ver si alguien la conoce y le dice que hoy a las 6PM la estaremos esperando en el tercer piso de ED…

Desde La Recia: “Abraham”

Sonajero – Abraham

Por Grisbel Medina R.

En teoría son las patrullas que debieran patrullarnos la vida. En el librito son la escolta uniformada de la población. En la vida real, después de los anuncios, la Policía que merodea la noche, es un vagón de miedo y armas largas, enquistado casi siempre entre sombra y tiniebla.

Como si no nos faltaran tragedias por llorar, el día de su cumpleaños y al lado de su padre, Abraham Montero Morel, estudiante de término de Derecho en la UASD, fue noqueado con un proyectil policial. El muchacho de 23 años no quiso pararse en el lugar oscuro donde la patrulla le ordenó. Lo hizo un chin mas adelante, en lo claro. Y allí precisamente lo mataron.
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Igual que cada 17M

Y mi recomendación final: Si es inevitable que esta situación continúe, si es imposible evitar actos indignantes y miserables como el que presencié el domingo en el aeropuerto, ¿porqué, doctor Balaguer, no se decide Usted a subirse en el avión o el barco y desaparece definitivamente de este país junto a todos los anteriormente mencionados?

Como cada vez que llega el 17 de marzo, tengo que recordar tu partida abrupta, gracias a la cobardía de quienes temían a tu pluma. Tengo que sentirme orgulloso de tu ejemplo y proclamar que tu sangre no fue derramada en vano. Hoy, como cada 17M, me obligo a no olvidar mientras camino hacia el sitio de tu asesinato, cerca de la UASD de tus amores.

Periodismo… ¿light?

La naturaleza humana tiene una ligera tendencia hacia la criticidad y el desmérito de las otredades. Máxime dentro de ambientes cercanos y propios. En el periodismo, esto brilla mucho, sobre todo porque los colegas nos dedicamos a especialidades muy diversas entre sí, aunque al final nuestro objetivo básico y principal es el mismo: informar.

Desde que entré a la escuela de Comunicación Social de la UASD lo tuve muy claro: ninguno es mejor que otro, y cada quien se debe dar grande en lo suyo. En lo que a mí respectaba, siempre traté de mantenerme al tanto de todo, sin demeritar ninguna (salvo en el caso de economía o crónicas rojas, que nunca han sido mis preferidas).

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De transparencias

A Grisbel Medina, por la inspiración original

Tengo 28 años y no le temo a llegar a 30. Soy diabético (aunque eso ya ustedes lo saben) y trato de que la condición no me detenga en mi afán diario de vivir plenamente. La mayoría (por no decir todos) de mis versos e intentos de poesía cargan consigo un pedazo muy doloroso de mí. Tal vez por eso mismo es que se me hace tan cómodo el término de “neotestimonial” para definir mi obra literaria. Creo en la unidad dentro de la diversidad, y trato de practicarla a diario. Soy tolerante para escuchar opiniones con las que no estoy de acuerdo, pero difícilmente cambie la mía. Me declaré agnóstico hace unos años y me siento cómodo con eso, aunque no me considero ateo. Eso sí, me incomodan un poquito las excesivas profesiones de fe (por eso he desarrollado cierta fobia a las iglesias). Una vez creí en el amor, hasta que varios desengaños se convirtieron en mi cable a tierra. Eso no quita que disfrute del sexo, pero ya aprendí a diferenciar. Puedo contar mis amigos de verdad con los dedos de una mano, y la mayoría están a un vuelo de distancia. Mi cuarto es un permanente desorden, y me gusta tenerlo así. Tengo un buen tiempo por terminar la carrera y algunas veces me deprime pensar que tengo que enfrentarme al trago amargo de algunos profesores que se creen la última coca-cola del desierto y saben menos que uno… cosas de la UASD. Soy muy crítico conmigo mismo y al mismo tiempo obsesivo-compulsivo con algunas cosas y a veces pienso que jodo demasiado… y en otras me da miedo molestar, cuestión que me ha traído problemas en varios ambientes. Puedo deprimirme con una facilidad increible, pero poca gente se da cuenta, salvo mis muy cercanos. Sé que mucha gente tiene dos caras respecto a mí, y prefiero guardar silencio al respecto, no porque me guste dejarme engañar, sino porque “no es bueno hacerse de enemigos que no estén a la altura del conflicto”. Siento un poco de incomodidad cuando me toca ser testigo de manifestaciones públicas de afecto, pero trato de lidiar con ello mirando hacia otro lado. Me confieso resultado de todas mis experiencias y vivencias, incluyendo los años de estudio INTEC y UNAPEC, que me forjaron para ser más “open minded” en este mundo (Ser uno en Proyección ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida… con todo y María Córdoba). Sé que el medio en el que me desenvuelvo es jodido y que fue mi elección, así que no me quejo por ello. Me encanta abrazar y que me abracen (de eso puede dar testimonio mi “evil-hugger sister” Yumari).

Como yo no creo en guitarras ni violines, quiero poner la casa en paz primero, antes de continuar con mis planteamientos de estos últimos días. Es muy bueno reclamar transparencia en el patio ajeno, pero muy dificil cuando la labor corresponde a uno mismo. Ojalá algunos por ahí sigan mi ejemplo.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.

Septiembre sangriento

“Los revolucionarios seguimos haciendo la revolución aún después de muertos.
Cuando ya no tenemos voz para propagar nuestras ideas, cuando ya no tenemos vida para empuñar un fusil,todavía nos quedan huesos para que sirvan de bandera”
Amín Abel Hasbún

Un día como hoy, en 1970, la intolerancia balaguerista se llevó de varios balazos al camarada Amín Abel Hasbún. Líder de izquierda, estudiante meritorio (la UASD le otorgó post mortem el título de ingeniero magna cum laude), un joven que creía en el futuro y que fue capaz de renegar de su condición de “clase media acomodada” para echar el pleito con un pueblo que sentía desde siempre como suyo. Fundador de la Federación de Estudiantes Dominicanos y del Frente Estudiantil “Flavio Suero” (FEFLAS). Hoy, la facultad de Ingeniería lleva su nombre, al igual que el Frente Estudiantil de Liberación “Amín Abel” (FELABEL). Hoy no puedo evitar pensar en el camarada Amín y acordarme de que su nombre engalana una estación del Metro de Santo Domingo que está justo después de la bautizada como “Joaquín Balaguer”. Ah, este gobierno tan…

“Tu cuerpo humano no pudo resistir el acero, pero este tampoco pudo resistir el peso de tus ideas”.

Catarsis, catarsis.