El Reglamento 824 vive… y sirve hasta para remedio

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El TT de ayer y hoy en el Social Media Dominicano (a partir de ahora llamado DominicanSM) ha sido la prohibición, por parte de la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR) del concierto de Miley Cyrus que iba a efectuarse en el Estadio Quisqueya el 13 de septiembre bajo los argumentos de “acostumbrada violación a la moral y las buenas costumbres” y amparada en los atributos que le confiere el Reglamento 824 (para ser más específicos el Artículo 10 del reglamento en cuestión).

No pienso hablar sobre la vulgaridad (o no) de la ex Hanna Montana y de los estándares dobles de nuestra sociedad y del “prohibido prohibir” y del qué hace -o no hace- la CNEPR (la misma que suspendió por una semana a Alvarito Arvelo en el 2001 y luego tuvo que echarse para atrás, visita incluida del entonces secretario de Cultura, Tony Raful, para disculparse). Prefiero circunscribirme a hechos particulares fruto de una reflexión de estas últimas horas. Aquí van:

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De cuando las palomas le tiran a las escopetas

Foto: Martín Castro

Foto: Martín Castro

Durante el domingo, mientras conversaba con mis familiares y cercanos sobre los disturbios y altercados en la XXX Convención del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) -que no fueron sorpresivos porque mucha gente ya los estaba esperando, popcorn en mano- hablaba sobre los lamentables sucesos vinculados a los medios de comunicación. Los primeros vídeos mostraban cómo a un simpatizante no le dejaban emitir una denuncia en televisión, mientras una persona señalaba amenazadoramente a la periodista diciéndole “mira fulano, esta es la mujer que te está buscando”.

Horas más tarde sucedió el incidente con el camarógrafo de Noticias SIN, en donde unos perredeistas armados le exigieron entregarle su cámara y -al este negarse- le “sobaron” una pistola y le dijeron “entonces entréganos la tarjeta (de video)”. Desde las altas instancias del partido blanco, pese a que el director de SIN exigió la devolución de la tarjeta, no se dijo nada hasta la protesta, ayer, de los camarógrafos durante una rueda de prensa en el local del partido. Sigue leyendo

Historia de una pasión albiceleste #VamosArgentina @argentina

catarsisalbicelesteTenía 5 años recién cumplidos en 1986, la última vez que Argentina ganó un Mundial de Fútbol. Recuerdo transitar con mi padre por el Malecón y ver un gran despliegue de banderas celestes y blancas ondeando para celebrar ese triunfo en México. La comunidad argentina en el país, supongo. Para ese entonces yo no veía fútbol ni mucho menos seguía el deporte en general, pero creo que esa demostración fue la semilla.

Cuatro años después llegaba Italia 90 y Maradona, Caniggia y esa selección argentina dejó el pellejo en la cancha hasta esa final contra Alemania en la que el árbitro fue despiadado. Los alemanes ganaron por un penal que todavía hoy se discute. En fin, ganaron. Ahí puede decirse que inició mi pasión por el fútbol y de manera particular por la selección argentina.

Aunque en mi país el principal deporte es el béisbol, aprendí lo básico del fútbol en el Calasanz, donde estudié primaria. Me descubrí como un defensa nato (no corría tanto para ser delantero y los extremos eran mi fuerte, aunque me gustaba más ser defensa rompedor). Mi maestro fue Pascasio Mendoza, un guerrero del fútbol dominicano y ex selección nacional. A él le debo transmitirme el gusto por el balompié que comparto con varios deportes (incluyendo la esgrima, de la cual he hablado en posts anteriores).

USA 94 fue el primer mundial cuya transmisión comencé a esperar. Tenía 13 años. Fue el primero en el cual comencé a alentar por Argentina. Ya se saben la historia de lo que pasó con Maradona y aquel control antidopaje “al azar”. Ganó Brasil y celebré (la única vez que he celebrado algo de los brazucas). Luego vino Francia 98 y la pasión seguía creciendo, pero todavía sin chance de poder gritar como se debía un gol o cantar los tradicionales canticos.

No me detendré con la frustración de quedar en el camino en Corea/Japón pero sí hablaré de aquel juego Brasil-Argentina en la final de los Juegos Panamericanos Santo Domingo 2003. El Estadio Olímpico a reventar. Argentina que ganó 1-0 en un juego donde participó un juvenil poco conocido entonces llamado Lionel Messi. Fue la primera vez que pude cantar a coro hasta desgalillarme aquello de “vamo’vamos Argentina/vamo’vamos a ganar/que esta barra quilombera/no te deja no te deja de alentar”.

Entre 2004 y 2005 descubrí que en una tienda vendían réplicas de camisetas de los equipos de fútbol… y así tuve mis primeras albicelestes, aunque no en los diseños tradicionales que me gustaban (sino de los “aciagos” años cuando la selección firmó con Reebook). Mi amiga Dorys Mejía, al retornar de una maestría que hizo en Argentina, me trajo una que era “all size” que nunca me sirvió (Pero que ahora le sirve -y muy bien- a mi esposa). En 2007 viajé a Buenos Aires, un año después de Alemania 2006, y ahí compré mi primera camiseta original. Años más tarde, en 2010, la tienda Adidas de Plaza Las Américas, de Puerto Rico, tenía una XL con la que usaron en Sudáfrica. Así comenzó a llenarse mi armario de albicelestes. La más reciente la compramos el día del juego contra Bosnia, un regalito de mi esposa.

Mañana Argentina se juega la vida frente a Bélgica. Yo estaré frente a la pantalla alentando y suplicando, porque no hay albiceleste sin sufrimiento. Ojalá que salgamos por la puerta grande. Si no… cada cuatro años hay un mundial nuevo, y con él la esperanza de que Argentina levante la Copa.

Vamos, Argentina.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”.

 

Luis Negron: “Los caribeños que escribimos hoy en día estamos al tanto de lo que se publica en las otras Antillas”

catarsisnegron En la XV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2012 fue que conocí a Luis Negrón. Me lo presentó Deidamia Galán, quien lo conoció en la Librería Mágica de Río Piedras unos meses antes. Venía a presentar su primer libro, “Mundo Cruel”, un compilado de cuentos que enriquecía aquello que en Puerto Rico llaman “literatura queer” y que puede ser definido como literatura relacionada con temas de la diversidad sexual. En aquel momento, lejos estábamos de imaginarnos la acogida que iba a tener su ópera prima. Pero así son las vueltas que da la vida. Sobre eso y sobre lo difícil que es dirigir una librería en estos tiempos de Internet hablamos en esta conversación, que forma parte del “Atlas Ferial” publicado por primera vez para la FILSD.

Recientemente Luis ganó en New York el Lambda Literary Award a la mejor obra literaria gay del 2013 por Mundo Cruel, siendo el primer puertorriqueño en lograrlo, y de este lado no podemos estar más felices por ello. Aquí el intercambio:

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De exigencias… y exigencias

catarsisexigencias

Aún no dan las nueve de la mañana en la ciudad priVada de América. Sobre el elevado del cruce de Manoguayabo se escucha el retumbar de un dembow. Poco importa la canción. El estruendo te pasa por el lado y ves una Patfinder roja de cuatro puertas. Poco importa el año. Los vidrios delanteros abajo, los traseros a tres cuartos. El retumbe continúa mientras se aleja de ti y ves en el vidrio de atrás la infame pegatina de “EXIGIMOS NUESTRO ESPACIO MUSICAL”. Entonces te preguntas cuando fue que la contaminación auditiva y el obligar a los demás a escuchar lo que tú quieres sin consulta previa se convirtió en derecho y, sobre todo, cuando fue que quienes lo exigen con tal vehemencia perdieron la verguenza de reconocer que, en efecto, contaminan.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”

20 años de la desaparición de Narcisazo #YoSoyMemoria

catarsisnarcisazo Hoy apago 33 velitas. Dentro de la celebración y los agradecimientos, tengo que recordar que, justo el día que cumplía 13 años, en la misma ciudad donde vivo un grupo de policías “arrestaba” a un hombre que días antes había llamado a la desobediencia civil contra el fraude electoral realizado apenas diez días previos en República Dominicana. Ese hombre no era cualquier hombre. Era Narciso González, profesor universitario, decimero, articulista y hasta libretista, que era mejor conocido como “Narcisazo”. Era el autor de “el pueblo se queja en verso”, pasado dirigente estudiantil y luchador revolucionario. Mis recuerdos de aquellos primeros días cuando reclamábamos “que aparezca viva y sano” siguen encendidos. Hoy, que Narciso sigue desaparecido y no hay nadie tras las rejas por su desaparición; hoy que desde el Estado se quiso empujar la tesis del suicidio para excusar la responsabilidad que tuvo en el crimen, hoy solo nos queda recordarlo y seguir luchando por justicia.

Catarsis, catarsis.

“Esta es mi verdad, y con mi vida la defiendo”. 

Yolanda Arroyo Pizarro: “Una vez aprendí que para las pasiones siempre se debe sacar tiempo”

catarsisyolanda

Cuando Romina me informó que debía redactar un cuestionario para Yolanda, recordé aquel primer encuentro que no se dio: ambos coincidiríamos en un conversatorio sobre blogs y literatura en la FIL 2007, el cual no contó con su presencia porque la Arroyo tuvo un accidente que le impidió venir a Santo Domingo.

Dos años después, nos dimos el primero de muchos abrazos en Santurce. Como parte de “Entre mares, dos islas una palabra”, recital poético que el Pen Club de Puerto Rico organizó con poetas dominicanos, puertorriqueños y dominicanos residentes en la Isla del Encanto, me tocó a mi cruzar el Canal de la Mona y ahí nos conocimos.

Ese fue el primero de varios encuentros y coincidencias, que han aumentado nuestra amistad (Facebook ha ayudado mucho). Supongo que por eso y por algunas otras razones que Romy sabrá es que me tocó a mi la hazaña de elaborar las preguntas.

Esta entrevista no salió en el Atlas Ferial porque… Yolanda envió el cuestionario respondido cuando el libro ya estaba impreso. Así que aquí les va:

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